Viaje sin billete

La habilidad de las persianas, circunstancias esquivas, sonoras como la maquinaria interna de los abductores. El comienzo de una carrera de cuarenta millas. Después la fatiga de los cuerpos, el detenerse de la mente en las marquesinas. La señora que no lleva billete en el tranvía, el conductor que aparta los hierbajos. Fuego de cartón en los cantones, la ciudad que no existe, construyendo sus cimientos. Aún quedan rescoldos como de memoria averiada. No hay manos suficientes en los surcos del tejado. Tejas rojas señaladas con la tiza, la procesión de los becerros, una mueca apostillada. A renglón siguiente la frase final de todos los incunables. La biblioteca de Alejandría también viaja sin billete.
Adolfo Marchena.
Imagen: Bernd and Hilla Becher


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Higinio Barrera-Causse dijo
Muy interesante blog
un saludo
21 Febrero 2009 | 09:51 AM