LUCIÉRNAGAS JUEGAN EN TU LÁMPARA

De noche, de caoba, madera simple donde apoyarse
cantares de agua, la última cerveza, el libro descubierto
en un pequeño puesto de libro antiguo, una rareza diminuto
ensayo de Pavese de una autora de Santiago de Chile,
el cenicero desbordado de colillas donde pronto los
detectores nos impedirán fumar, también el sueño,
y habremos de camuflarnos bajo alcantarillas,
bosques -los árboles soportan más que los hombres-
comprenden que el aire es un aire no hipócrita
de coches en circulación, mascullar de nudillos,
miradas distantes o acaso provocativas, seamos
pues la voluntad de unos dioses falsos pero escapemos
de la sal desecada al calor recién llegado, de soles nuevos,
la esencia cuerpo adentro de químicas elaboradas
por las grandes empresas farmaceúticas,
abrámonos paso en la piel de tu mesilla donde
las luciérnagas juegan con la lámpara de medianoche
y reposan más, más continentes, tus prendas, tu sentir,
la quietud, la mirada atenta de una página que describe
la secuencia escrita en los hemisferios pero nunca
supo viajar las contradicciones, tal vez contracorriente.
Y en un momento dado se fundirán los fusibles pero
encenderás las velas, trazarán las llamas curvas
tratando de avanzar el coche a 180 km. por hora
por esas curvas de tus venas, y un hombre que conduce
con una sola mano desviará esa mano y sólo las luciérnagas
sabran entonces donde, dónde conjugaban las pieles amplitudes de
extensiones, tal vez, pero los hombres piensan siempre, extraen
lo mismo siempre, el mismo recorrido, torpes, consagrados
a exterminios de su propio pensamiento, tremendamente
disgustados ante el apagón que impide la ofrenda del televisor.
adolfo marchena
Imagen: Eugène Atget

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sarahsweetsarah dijo
los árboles soportan más que los hombres...precioso
5 Agosto 2008 | 10:05 PM