CALLES DE SUDOR Y MERCADO

Fue en el 97. Cuando llegas del norte al sur
en pleno verano, el calor es una sinfonía demasiado
estridente, el director tiembla y la batuta
parece caérsele de las manos. El médico me
diagnosticó pérdida de minerales por exceso
de sudoración. Pensé en comerme unas piedras
pero en las farmacias ya vendían unas pastillas
menos indigestas, al menos a la hora de tragar.
Calles de sudor donde buscar un oficio, aunque
ya sabías cuál era tu oficio. Sólo que en ese
momento era preciso comenzar de menos cero.
Una inmensa extensión de hielo, tu trineo
y tus perros, víveres para una temporada,
podría irse todo al garete ante cualquier
ventisca o comenzar a rondarse en círculos
o un oso polar, de repente, acabose.
Fin de la historia.
Pero no, todavía quedaba el mercado cada
martes, y avanzaba entre las verduras
y las flores. El gentío era lo de menos,
uno acudía en su dirección, sorteando
brazos y caderas. El aire torpe hasta que
dabas con un callejón desierto. Allí te detenías
a respirar. La librería. Apenas tenías para
un ejemplar pero podías pasar media mañana
ojeándolos. Esperando que las horas perpetuaran
aquellas calles de sudor y mercado,
esperando encontrar una puerta
ya no abierta, sólo con la llave puesta.
adolfo marchena. Okina
Imagen: James Ensor

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

Ana dijo
Me gusta, "lo entiendo..."
gracias por todo otra vez, aunque sé que no es necesario.
Un besazo!
Ana
8 Junio 2008 | 10:26 PM