VIAJAS EN METRO, MI GABARDINA

Podría decirse que la historia goza de buena salud
aunque le falte un pulmón, sin importar el color de la tierra
o el espasmo de una piel, la torpeza de un paso en tropiezo.
¿Nos invitaron alguna vez a la fiesta?
Mientras, andaban poniendo chapa a los motores,
jugando al golf con pelotas de oro, detrás de las
doncellas, huyendo de palacio en bragas,
tropezando en los ladrillos de la consternación.
Uno pasa por allí y se acuerda de Kafka
y del ciudadano Kane, y mira de soslayo.
Te quitas la gabardina, proteges a la chica
y la llevas hasta el metro. Se acercan nubes,
tal vez escondan alguna llave dejando caer
molinos que baten por un día los periódicos,
que cese el movimiento, pero que avance
de una vez este maldito vagón, que se
cierren ya las puertas. Vámonos a donde tu
quieras, hay demasiadas estaciones, puedes
escoger donde ocultarte, ya me devolverás
la gabardina, dentro va mi tarjeta.
Si te olvidas, no tiene importancia,
siempre puedo robar otra y alejarme.
(y uno se pregunta, ¿robar?
¿la gabardina o las tarjetas?)
adolfo marchena. Okina
Imagen: Alfred Stieglitz

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