UN VALS BAJO FAROLAS APEDREADAS

Nunca quise ser un meridiano cero
ni pretendí que cierta locura prendiese
la antorcha de bocas cuyo sentido
no tenían otra consecuencia que abolir
la exclavitud del pensamiento hacia
organismos muertos como viejos estropajos.
Me sucedieron pieles a través de las estaciones
mientras buscaba herederos a los espacios
abandonados, mientras las notas musicales
sonaban en la explanada de tu vientre.
Nunca quise amargar
deteriorar
ni siquiera lastimar el silencio de los no culpables
y esperé sin la rutina de los bebedores ambulantes
el olvido a lo que fui sin haber sido,
a lo que soy sin haber vivido
a lo que viví sin haber sentido.
O acaso me creí un ídolo
hasta percatarme del barro
que ennegrecía mis uñas
y laceraba los anteojos.
No más allá de aquellas blancas paredes
que ante el descuido sufren los temporales
y se desconchan y alguien con un traje
nuevo mira hacia arriba en busca de
objetos inamovibles que recobran sentido
con el tiempo, con ese segundo que nos
sitúa en algún pajar abandonado,
allá donde por primera vez encontré
un beso falsificado
labios de hormigón
y no, no quise predecir futuros,
algo que agarrota las pertenencias,
o simplemente no tener nada
para decir soy libre, sencillamente,
de esa manera dar lo que no se tiene
y bailar en parques tangos o un vals
bajo orquestas de farolas apedreadas.
adolfo marchena. Okina
Imágenes: Andre Kertész


Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

lacrisalida dijo
GUAUUUUUU!!! COMO HAS ESTADO EH? CON EL ALMA EN UN TANGO!
BELLO POST!
MIL BESITOS
7 Octubre 2007 | 07:01 PM