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LITERATURA

Recuerda recordar

30 Septiembre 2007

LAURA VERONICA ALONSO COITIÑO: Sobre su creación

LAURA VERONICA ALONSO COITIÑO (LAVERON)

¿Alguien ha escuchado este nombre? Estoy convencido de que sí. La distancia nos separa, ella vive en Montevideo (Uruguay) y yo en Vitoria (España). Coincidimos a través de este blog, aunque en estos momentos conduce otra página, que se puede definir como revista de creación: http://depalabranofunciona.blogspot.com, donde combina o conjuga la variedad y la calidad. El Teatro Solís de Montevideo tuvo mucho que ver en nuestro posterior intercambio cultural, donde también se conoce, aunque suponga una séptima parte del iceberg, a la persona. Laura no sólo es una escritora; tiene la facultad y la voluntad de programar y llevar adelante proyectos. Podemos decir que no es minoritaria, como muchos creadores que se limitan a proyectar unicamente su propia sombra. En el 2006 Revista publica una Autobiografía corta donde, entre otras afirmaciones dice: “Crecí soñando con construir casas y laberintos. Las primeras eran en piedra, los segundos en papel. Para las casas estudié arquitectura, para los laberintos, escribí”. Esos laberintos que forman parte de su vivencia poética donde poseé la facilidad de desengranar la maquinaría de la palabra. Uno puede pensar que roza el existencialismo Sartriano, pero nada más lejos. También puede interpretarse cierta resignación, melancolía o pesadumbre en sus versos. No, Laura reivindica un mundo interior y exterior, mostrándonos los dardos que cotidianamente no observamos y que podemos llevar clavados en el culo durante el resto de la vida. Poemas descarnados en alguna ocasión, hilvanados con la cadencia y el ritmo adecuado que hace que el lector no encuentre la pausa en la lectura. Un laberinto que muestra un interior complejo, que mide con exactitud y que rehuye de lo cotidiano y lo mundano. Encontramos esa fuerza en unos versos de Todas sin señor: Se arrancaron los ojos/las tetas/la piel/la niña ya no tan niña, ya no tan nieve/la novia del frío cayó como una hoja… No he leído suficiente obra de esta autora, que también visualiza el mundo a través de su cámara, pero la composición que me hago, el análisis que extraigo lo apoyo también con la función epistolar. Supongo que hablar de su vida no tiene sentido, a no ser que la autora lo considere y escriba o algún día alguien construya su biografía. En cierto modo el arte la consume en un aspecto positivo. No se preocupa en demasía por toda la farándula que hoy en día conlleva la creación, en una apuesta personal, obviando las grandes editoriales donde se juega al compra-venta, obviando los best-seller, sin esa pretensión de crear pensando, como muchos autores, en una fama efímera. Laura se planta firme ante la hoja y lanza como guadaña que aparta las malas hierbas los versos precisos. Algún día etiquetarán su poesía, cuestión que a Laura poco le importa. A este respecto dice: “no es tiempo de escritores, por desgracia. Todos quieren ser famas, no cronopios (dixit Cortázar)”. Más allá de las distancias quedan los creadores que aún conversan cara a cara con el verbo (dotándolo de imaginación además de experiencia), los creadores anónimos que guardan su obra (más válida que el último premio Visor o Hiperión, administrando jurados a premios literarios); quedan los que realmente sienten la palabra y no se venden por siete monedas. En ese día a día, en ese encontrarse con uno mismo, se encuentra el laberinto, del que habla Laura, donde la creación no es una pasarela de modelos ni la vida un mirar con los ojos cubiertos por un lienzo negro.

TE ESCUCHÉ LAURA

Y te escucho sabiendo

que las aves vuelan con alas

engarzardas de vocales y consonantes,

que todo no surge en el primer intento

ni siquiera en una segunda oportunidad.

¿Me escuchas?

Cuando te inclinas sobre las teclas

y los dedos acarician mientras la mente

deja de construir logaritmos pasionales

cuya mentira es decir, qué bonita mañana

cuando el ajeno que pronuncia la frase

sólo piensa, qué puta mañana.

En el olvido de los omnibuses

en la fábula de un tal señor señora

planteándose adoptar una mascota

que habrá de morir por inanición.

¿Me escuchas?

Es cierto que un día todos nos fuimos

a la deriva pero hubo quien sacó una

balsa de su bolsillo, cuyas cuerdas amarraban

un tronco al tronco siguiente para darnos

el espacio necesario, para regresar con un

propósito no arancelario, con la cicatriz

convertida en tatuaje.

¿Me escuchas?

Es cierto, un día leeré para todos en el

Solís y habrá ciegos que me vean

y sordos que me escuchen, porque

es cierto, lo dijiste, leeré mi mejor poesía

o al menos trataré de hacerlo.

(las distancias no existen si uno no quiere proyectarlas)

adolfo marchena. Okina

Imagen: Literatura

servido por marchenaescritor 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

magnolia

magnolia dijo

me encanta laveron a la que descubrí a traves de tu blog hace un tiempo, como otros tantos, bonita entente, ojalá salga adelante tu convocatora. Yo no escribo pero leo mucho y te aseguro que leere mas!!!!!!

2 Octubre 2007 | 08:50 PM

laveron

laveron dijo

GRACIAS POETA!
es un honor...
un beso
laura

4 Octubre 2007 | 01:00 PM

giverny

giverny dijo

La encontré una vez en mi blog, luego, en esa marea de post la perdí de vista y me supo mal pues quería viistarla y mira por donde hoy la encuentro en tu casa.
muchas grcias amigo
Besos

4 Octubre 2007 | 05:55 PM

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Sobre mí

adolfo marchena. Okina (1967). mucho por decir y mucho por callar- leyendo en metáforas de colores Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es
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