POESÍA EN EL PAÍS VASCO (Un salto desde los 90)
Se hace necesario, o resulta evidente, como ustedes quieran, retroceder, un poquito sólo, en este tiempo que parece corrernos demasiado, o en ocasiones detenerse en extremos que nos fatigan, cuestión de gustos, también de necesidades, para hablar de la poesía contemporánea, si bien, cada dos minutos, un referente, una mínima circunstancia haría, convertiría este escrito, elaborado hace una horas en ayuda a un viejo amigo, José Luis Pasarín Aristi, mi mentor literario, que en breve viaja a Cuba a dar una conferencia en la Universidad de La Habana, en un escrito viejo ya y caduco. Pero se hace necesario, como si un niño te pregunta, inocente, por supuesto, qué significa, concretamente, tal viñeta sobre una historia ya comenzada de un cómic, por ejemplo del Mortadelo y Filemón, aquellos personajes que leyéramos de jóvenes, y debes indicarle que para comprender qué significa ese gesto cómico que brota de los labios del personaje, envuelto en ese círculo ostentoso, tan necesario para el cómic, tienes que convencerle para retroceder, dos, tres, cinco viñetas, para hacerle comprender que es necesario entender que grufff quiere decir me duele. Eso en el caso de los niños. Ustedes lo comprenderán, y en ese retroceder, aunque del País Vasco se trate, verán que Vitoria-Gasteiz, aparecerá, como telón de fondo, en más ocasiones que Bilbao o San Sebastián, Donosti. Pues no pretendo aquí disertar de una manera donde cualquier escritor, o ya no escritor, elabore una serie de personajes, pongamos el caso, al margen de poetas, todos los géneros, desde narradores hasta músicos: Bernardo Atxaga, Dani Oyarzabal, Joserra Melguizo, Pedro Ugarte, Dani Castillejo o Pablo Milikua, citar cronológicamente su vida, los títulos de sus obras, cerrar la carpeta y marcharme. En ocasiones es eso lo que sucede. Con lo cual, suele acontecer que el oyente tiende a escaparse disimuladamente, quedando la sala vacía como un zoológico cuando cierran las puertas, y ya los animales, aunque encerrados en sus jaulas, al menos descansan tranquilos, con todos esos cacahuetes desparramados por el suelo.
En los años 90 en Vitoria-Gasteiz cohabitan dos revistas importantes; Amilamia y Texturas. Amilamia es una revista de contenido meramente literario, con contenidos que abarcan desde la poesía hasta el ensayo, y que contiene una sección dedicada a la lengua vasca así como otra a la poesía escrita por jóvenes estudiantes. Texturas es una revista de poesía visual, dirigida por la profesora universitaria Angela Serna. Dos revistas que cohabitan a pesar de sus antagónicos contenidos. En esos años, sin que nadie se percate, y nadie se percata de algo hasta que acontece el hecho, ya se fraguaba un devenir, que después veremos, derívó, en estaciones muy diversas. Como en toda ciudad, existían focos, más bien bares o cafés tertulias donde se reunían los artistas. Bien pudieran ser los pintores, los escritores, pero existía uno donde todos nos asistíamos o coincidíamos, la casualidad solía ser la cita prefijada, desde, ya lo dije, pintores a escritores. Era el Café bar Caruso. Tal vez sea el recuerdo de una fotografía de Man Ray y el viejo piano lo que quede, y ya ni eso. Pues ya la librería fue sustituida, una librería que nunca te imaginabas existía, debías bajar unas escaleras empinadas y ahora la ocupan mesas y otras gentes que alborotan en unos tiempos de los que ya hablase Ezra Pound, hace ya un siglo. La cuestión es que allá se reunían y se convocaron muchos eventos. Exposiciones de pintura o de fotografía, alguna lectura suelta de poemas, improvisadas como improvisados fueron los pequeños conciertos de jazz. Si se rompía la cuerda de un bajo, se corría a casa a por ella y seguían tocando, mientras el pianista, a la espera, emulaba a Herbie Hancock, con el hombre de la lluvia. Cabe citar el libro que se publicó en 1995 con respecto de una exposición de poesía visual donde participaron, ya no sólo poetas visuales, y no sólo del País Vasco, bajo la iniciativa de Juan López de Ael y Angela Serna. Colaboraciones de Alemania, Argentina, Pedro Juan Gutiérrez de Cuba, Julián Alonso, Antonio Gómez, Antonio Orihuela, Clemente Padin de Uruguay de o Ryoko Kitamura de Japón en un homenaje a Marcel Duchamp, a quien también asistió el poeta Alfonso Pascal Ros. (Anteriormente, en enero de 1992, bajo el Colectivo de Espirales Poéticas/Kiribil Poetikoak Taldea, cuyo consejo de Redacción lo formarón Xavier Olaso, Angela Serna y José Luis Pasarín se publicó Haritza, un sobre diseñado a mano, con portada de Carlos Martinez. En el editorial se puede leer, ahora que la memoria lo recuerda, o más bien lo transporta, transcurrido, no es cuestión de hacer cálculos, acá vinimos ha mencionar las letras, digo, dice :Esta antología que tienes en tus manos es una trabajo sencillo, pero con un gran fondo que a nosotros se nos hace pequeño.
Con el tiempo, y ya mencionamos al tiempo, como si fuésemos una estación meteorológica, el tiempo nos muestra que nada es pequeño ni grande, que acaso transforme, pueda ser, y que muchos de los nombres que este pequeño sobre contuvo y contiene, quién sabe, ya no es la cuestión, esos nombres siguen con sus letras, tal vez en estafetas, tal vez hayan triunfado. ¿Y qué es el triunfo, si no hubiese existido aquel poema? En esa antología publicaron entre otros Leopoldo María Panero, Zigor Embeitia, Pablo Sorozabal o Eva Telletxea.
Lo más importante de todo ello, supuso, o suponía la integración, la coordinación entre los diferentes escritores y escritoras del momento, a pesar de las diferentes tendencias y a pesar de que cada uno desarrollase sus funciones, algo evidente y necesario para un camino, el camino propio, el de la Voz Literaria. Pero era además una relación que no sólo se extendía al ámbito de la poesía, abarcaba terrenos, ya citados anteriormente, por los encuentros que se producían, en muchas ocasiones, casualmente, en el Café bar Caruso, tales como la música, la pintura, la fotografía, incluso el perfomance o la perfomance, indistintamente lo nombraban, que por aquel entonces, durante no mucho tiempo, se convirtió, por orientarlo de alguna manera que no sea denigrado o denigrante, como lo fuese en una lucha que pudiera tener o no sentido, por demostrar si fue o no arte, sino un tránsito en una necesidad de efectuar o transmitir de otra forma, en otra sugerencia, una mezcolanza, teatro, sugestión, recurso poético-ambiental. Cuestión en la que no vamos a entrar en esta conferencia, pues se convertiría en otra conferencia.
Del mismo modo que por aquel entonces se produjo el fenómeno de la poesía de la experiencia y la poesía de la diferencia, que afectó de manera muy diferente a unas regiones y a otras. El País Vasco tuvo algunos brotes pero no esos enfrentamientos tan extensivos como pudiera suceder en Madrid o en algunas zonas de Extremadura, por poner un ejemplo.
Tal vez desviándonos, brevemente, del tema que tratamos, de la Poesía Vasca, pero que tuvo su repercusión y afectó, en mayor o menor medida, cabría comentar que hacía final de siglo las poesías mencionadas, la de la experiencia y la de la diferencia marcaron o quisieron marcar las tendencias, siendo más predominante entre los jóvenes la de la experiencia. Y eso sí se pudo manifestar o ver, si se prefiere en muchos y muchas poetas vascos. Sólo que era el embrión de algo que se estaba gestando no una lucha entre corrientes poéticas, si bien las hubo. Y las habrá, es algo que no podremos evitar, las diferencias entre, ya no los poetas, los creadores en general. Básicamente se trataba de un giro del lenguaje y una manifestación contrapuesta, lo que supuso que poetas, en cierto dialecto consagrados, viesen peligrar su situación de privilegio, lo que llevó a esas luchas. Los jóvenes poetas, y no tan jóvenes, llegaron con las ideas, con la palabra, con ese deseo de cambiar ciertas aptitudes. Diríase que iban a crear el caligrama de Apollinaire, como si no hubiese existido o tal vez el haiku de Mashuo Bashuo, como si tampoco hubiese sido nunca escrito. De modo que los llamados sesentayochistas sintieron, como anteriormente dije, que su terreno se veía bajo un abono desconocido. Hoy en día, todo ya olvidado, escritoras como Eli Tolaretxipi, nacida en Donosti-San Sebastián, en 1962, cuyo primer libro fue publicado en 1999, Amor Muerto, Naturaleza muerta, podría ser considerada una poeta de la experiencia, pero ya nadie se acuerda de todo aquello. Considerando que, en definitiva, las etiquetas, podemos estar o no de acuerdo, debemos ponerlas en el lugar que corresponden, pues la poesía, si de algo debe carecer, es precisamente de eso. Por último y para concluir con este aspecto, citar que en las antologías, que se publicaron muchas, tal vez la más importante fuera la publicada en 1998, El último tercio del siglo (1968-1998,), si bien posteriormente se sucedieron otras, donde incluyeron a autores vascos como Jon Juaristi y podríamos mencionar también a Leopoldo María Panero, considerado como uno de los poetas más importantes de España quien, aun no habiendo nacido en el País Vasco se sintió partícipe y formó parte de la literatura vasca.
En Bilbao y Donosti los movimientos simétricamente evolucionaban en una dirección que apuntaban hacia una misma dirección. Si bien de las pocas revistas literarias que permanecen, como Zurgai mencionar brevemente que se gestó tras la escisión de la Sociedad Poético-Literaria Aralar (1975), y después de muchas tentativas, a últimos de 1977 aparece la primera edición de Yambo. Y tras el corto recorrido de esta revista, ya en la primavera del 79 nace Zurgai, quien contará con colaboradores como Gabriel Celaya o José Agustín Goytisolo, quien colaboraría hasta su muerte en 1999. En los 80 se incorporan nombres más cercanos como son Severino Calleja, Amalia Iglesias y José Fernández de la Sota. En la década de los noventa, bajo este paréntesis, la revista ya afianzada, dedica números a poetas vascos como Unamuno, Gabriel Aresti, Juan Larrea o Blas de Otero, permaneciendo hasta la fecha bajo la dirección de Pablo González de Langarica.
Actualmente, en lo referente a las revistas en papel impresa, tenemos otra referencia en la revista Alborada Goizaldia, fundada en el año 2001 y dirigida por la escritora María José Mielgo, además creadora que trabaja en el mundo de la edición tratando de crear una editorial para promover la edición impresa a otros niveles impresos..
En Donostia-San Sebastián, antes de su constitución como editorial en 1983, Susa era una revista literaria, que fue presentada en San Sebastián en enero de 1980 y que desapareció tras la publicación de 33 números en 1994. De modo que la editorial comenzó su andadura que hoy en día sigue su andadura bajo la batuta de Gorka Arrese, afincada desde 1995 en Zarautz, no sin recordar que entre sus promotores se encontraban autores como Josu Landa, Enero Olasagasti, Pablo Sastre a quienes se les fueron uniendo Joserra Urretx, Itxaro Borda, Edorta Jiménez o Iñigo Aranbarri.
Cierto es que durante el tiempo transcurrido hasta nuestros días existieron revistas, y muchísimos fancines, que pudieron nacer o surgir y morir el mismo día y que se han ido extinguiendo, como el Ateneo del Norte, dirigida por Abel Pizarro Sastre, o la última publicación impresa donostiarra que ha visto cerrar sus páginas, RN, para convertirse en una página digital. Sería salirnos del tema pero necesario indicar que las nuevas tecnologías, la falta de subvenciones o apoyos que permitan sostener el balance que soporte el coste del diseño, la maquetación, la imprenta, la distribución, cada vez más desatenta a estos medios, en definitiva, todo lo que conlleva y genera la elaboración de una revista, o el propio desencanto, han llevado a muchos directores o directoras, colectivos o fundaciones a trasladarse a los soportes digitales.
Retomando el hilo de lo que sucediese en Vitoria, en el año 96, se produce un fenómeno que dota a la ciudad de un hecho o fenómeno, habría casi que definir, cuyo articulista y escritor, Amado Gomez Ugarte, traslada en un artículo de prensa fechado ese mismo año, cuyo titular reza: Algo está ocurriendo en Vitoria. A la existente revista Amilamia, la más antigua de las revistas existentes en ese momento, de la que reseñar que en mayo de 1994 consiguieron organizar el Primer Encuentro Poético-Cultural, en los que participaron el periodista Pedro Espinosa, Xavier Olasolo, Abel Enbeita, Daniel Pichot, Daniel Castillejo, Alfredo Fermín Cemillán o Rubén Abascal, concluyendo con un recital a cargo de las rapsodas Teresa Aldamiz y M. Carmen Veiga, acompañadas al piano por Belén Elguezabal. Y la segunda revista ya mencionada, Texturas, y que del mismo modo organizaba sus eventos, tales como exposiciones visuales, compartiendo hasta entonces el panorama cultural literario, cuando conjuntamente surgen, de la mano de Adolfo Marchena y Kepa Murua, respectivamente, la revista Factorum, que publicaría tres números, hasta su marcha a otra ciudad del sur, en el 97, y de la editorial Bassarai, publicando novela y poesía. Ambos proyectos estaban ligados y ambos escritores colaboraron conjuntamente.
El panorama actual, después de aquel momento álgido es una única revista literaria, La Botica, cuyo último acaba de salir de imprenta, tras dos años de ausencia, cuyos directores son Rafael Muriel y Jorge Girbau Bustos. Bassarai permanece, con su línea editorial, si bien han introducido algún apartado aproximándose al terreno del arte, de la imagen.
En una época donde los tranvías dejaron sus vías, los teléfonos perdieron sus cables y ahora parece que no necesitamos salir de casa para comprar el periódico, también los escritores y las escritoras, a veces por intereses, de nuevo la desgana, o uno no puede ponerse a pensar por otro, acaso se equivoque, lo cierto es que es difícil reunir a tres poetas en una misma mesa. De modo que, se tiende más a la disgregación, a un vamos a concretar un proyecto. Con la consecuente pérdida de fuerza, pues en la unidad la resistencia se quebranta con menor facilidad, mientras que en la multitud, los chorros de agua son más dispersos. Es por ello que, en nuestros días, las letras vascas viven de autores dispersos, dispersados, o en su caso, de autores que se congregan con fines, muchas veces lucrativos. Cabría citar estos versos finales de Blas de Otero:
Cuanto menos aire, más.
Cuanto más sediento, más
Ni más ni menos. Más.
De los autores, ya que hemos hablado de ellos, dispersos, los poetas, estamos hablando de poesía, bueno nos habremos dado por enterados, por encima, citar, de los muchos algunos que pueden ser representativos, siempre, sabiendo que muchos, sin pretenderlo, serán omitidos.
Julia Otxoa es una autora nacida en San Sebastián en 1953. Poeta y narradora, ha experimentado con la poesía en diferentes facetas, así como en las artes plásticas movida casi siempre por la condición humana. Lírica e intimista suele mostrarse crítica e irónica en sus creaciones gráficas. De entre sus obras destaca Composición entre la luz y la sombra (1978); Luz del aire (1982) o Al calor de un lápiz (2001), más su obra en prosa como Un león en la cocina (1999) o Variaciones sobre un cuadro de Paul Klee (2002). Podríamos seguir con su obra infantil pero sería extendernos, basta con encontrarla en muchas de sus antologías.
Otra autora emergente, o ya consolidada, es Eli Tolaretxipi, nacida también en San Sebastián en 1962, traductora de poesía y que se da a conocer con el libro Amor Muerto Naturaleza Muerta (1999) al que sigue Los lazos de número.
Existen por supuesto muchísimos poetas pero citarlos a todos sería plantar la flor de la adormidera. Sí citar a dos autores pamplones. Alfonso Pascal Ros nacido en Pamplona en 1965, fue miembro del consejo de redacción de la revista Río Arga, siempre activo en tareas y comprometido con las letras de cualquiera de lo lugares o de cualquiera de las personas, fuese del lugar que fuese. Su obra es muy amplía y variada puesto que escribe poesía, prosa, ha sido antologado, incluso tiene un libro guía y en eso coincide con Patxi Irurzun quien visitase Cuba, hará dos años, ya que le encargaron una guía turística sobre La Habana. La guía fue un encargo de un periódico. Y no se sabe que un vivió en una escombrera con un dinero ganado con un premio para escribir sobre el modo de vida de aquellas personas.. Escribió un microrrelato sobre La Habana por el que obtuvo un premio, un viaje a Bangkok. De modo que es un escritor que además de ser poeta gana premios para viajar y escribir guías. No obstante es un poeta con obra publicada, así como novelista, pero tiene esa faceta curiosa que a más de uno puede resultarle curiosa.
En la actualidad, volviendo a recordar a ese Ezra que cité, los poetas se mueven a impulsos, esperando, van y vienen. Es una transición entre la página escrita y las nuevas tecnologías. Casi todas las editoriales copadas y, como es lógico, el autor con una obra en su mano, tratando de fomentar, de ver impresa esa letra que brotase con furia o con desgana. Cuando, tal vez estén de acuerdo, suponemos, de lo que se trata, es más el compartir, el tú a tú, esas ganas de transmitir, una simple conversación que derive en un proyecto, una tentación que nos surja en cualquier momento, un leernos poesía, simplemente. Por que al fin y al cabo, no somos tan distintos los unos de los otros, hombres o mujeres. Ni nos sobran las palabras ni nos faltan. Tal vez lo que suceda es que no sepamos utilizarlas.
adolfo marchena. Okina
(un escrito elaborado para Jose Luis Pasarín Aristi con motivo de una conferencia)

Imagen: Huidrobro: Moulin caligrama


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26 Noviembre 2006 | 06:04 AM