LA SOMBRA NO TIENE COLOR
De fresa que comí en tu ombligo
cuando el sol quería ser la luna
de una búsqueda fugaz. Ya no el
caracol ni la sombra que no persigue,
ya no el que persigue, la sola fresa
claveteada sobre una pared repleta
de escapularíos, volver a decir,
mi baba no tiembla ni tiene tres
pelos mi barba, la sombra que me
debe siete monedas, la sombra que
no tiene color y la busco roja
como plena sentencia de tu cuerpo,
como sombra, no como ladrillo
incrustado, eso ya fue, eso ya es.
adolfo marchena. Okina

Imagen: Grundols. Daniel Burkhardt

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