ALCANZO LUNAS, BESO HORTALIZAS
No tuve el consuelo de la reina que trabajaba con el barro,
no soportase acaso el recuerdo del día que fuese mendiga
y yo arrojase mi moneda en su cesto añejo de mimbre,
sabiéndome mendigo, portador de las noticias de noches enguantadas,
a las que arrancaba la decadencia para usurparla con pentagramas.
Sentado junto a ella, en ocasiones, manifiesto contra la pared,
fotografía en sepia de Brassäi, acaso por allí rondasen
contratistas de la no creencia a combatir la servidumbre.
Ahora no soporta ni siquiera mi mirada, inclina su amplitud
de horizontes al abismo de de su propia pecho, mi vieja chaqueta
continúa en etiqueta, mi moneda sigue en el bolsillo, nada que
anhelar, nada que objetar, los viejos tiempos sobreviven,
los nuevos tiempos modernos permanecen, aún alcanzo lunas, puedo, puedo
todavía besar hortalizas, toda la realidad en un dedal.
(de Cuando aúlla el lobo en la estepa del méndigo)
Adolfo Marchena. Okina

Imagen: Tolouse Lautrec
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