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LITERATURA

Recuerda recordar

27 Septiembre 2006

MATEMÁTICA DEMENTE (Parte I)

MATEMÁTICA DEMENTE (parte I)

DROGAS - VIDENCIA - HETERODOXIA LITERARIA...

La mayoría de los hombres y de las mujeres lleva una vida, en el peor de los casos tan penosa, y en el mejor tan monótona, pobre y limitada que el deseo de evadirse, el ansia de trascenderse, aunque sea temporalmente, es y ha sido siempre una de las necesidades espirituales.

ALDOUS HUXLEY, “Las puertas de la percepción. Cielo e infierno”.

Parece evidente que el consumo de plantas modificadoras de la conciencia es anterior a la actual condición humana. Como primates en continua evolución podemos deducir (teniendo en cuenta que muchos animales conocen las virtudes de dichas plantas) que la curiosidad, la experiencia, la indagación de nosotros mismos y de lo que nos rodea, siendo seres sociables y a la vez introspectivos, como los demás primates, nos hizo probar, seleccionar y aprender a utilizar alucinógenos, estimulantes y sedantes. Y no sólo por sus principios psicoactivos, también por sus propiedades curativas, observando con el paso del tiempo su manejo para exacerbar o minimizar sus efectos, dependiendo del contexto o situación determinada.
Esas “plantas de poder”, veloces vehículos de una nueva percepción, acogen en su seno los hilos conductores que avivan la naturaleza psíquica, en interacción con todas las cosas, cotidianas o no. Perfecta llave para azuzar las neuronas en contacto con ignotos mecanismos “ocultos”.
Surgieron, pues, los chamanes, los hombres de sabiduría, iluminados, buceadores de sueños, oráculos, símbolos, Tragedia, Poesía...
Las antiguas y preclaras civilizaciones conocían la equilibrada simbiosis, hoy desechada y mistificada, entre racionalismo antropomórfico y subjetividad cósmica.

El lenguaje, el logos, se convierte paradójicamente en el único testimonio posible, pero también en el único modo verosímil de experimentar lo irracional. ALBERTO CASTOLDI, “El texto drogado”.

ALCOHOL

Hablar del alcohol, dentro y desde dentro del mundo literario resulta harto difícil, teniendo en cuenta que quien escribe puede beber, pero quien bebe, muchas veces es totalmente incapaz de escribir.
Es conocidísima la muerte de Dylan Thomas a causa de la bebida, y sonadas son sus borracheras, pero muy pocos sospechan que jamás escribió bebido.
Otro tanto ocurre con Edgar Allan Poe: Bebía, sí, y se embriagaba, pero su dipsomanía (que no alcoholismo) le permitía largos periodos de abstinencia, y así él mismo lo reconoció, cansado de falsas murmuraciones.
Por no hablar (que son legión) de quienes no se conformaban con el alcohol y prefieren crear bajo el efecto de drogas menos dispersantes intelectualmente; aunque nadie niegue que también bebiesen (léase Dada, Surrealismo, Beat Generation e independientes de todo pelaje).
Y antes, durante el Romanticismo y, sobre todo, en la Francia “maldita” del XIX y en la Norteamérica más iconoclasta los prototipos serán varios. No obstante, constan, evidentemente, algunos escritores que sólo bebían y además, se las ingeniaban para escribir bajo el influjo más estimulante y locuaz de lo ingerido, narrando con total fidelidad sus vivencias.
Un caso curioso es el del creador de aventuras propias-ajenas, Jack London (1876-1916), estadounidense que, a raíz de su peligroso viaje interior- exterior, su alcoholismo y su desesperación existencial tras una búsqueda imposible, decide suicidarse.
Sus obras más conocidas, tildadas “de aventuras”, aunque directas y realistas, nunca nos dieron atisbo del pesimismo o el hartazgo de la vida de quien decide que nació sin que nadie le pidiera permiso. Es la dualidad vitalista de quien ama algo pero no sabe qué es y sólo lo acaricia, furtivamente.
Pero había un lado oscuro, el del estoico cansado de disimular por inercia. Y “El Vagabundo de las estrellas”, pone las cartas inconformistas sobre la mesa. Publicada en 1914 es, en su momento, una incómoda, totalmente ignorada historia sobre los límites de la crueldad social y los de la propia mente humana, en ocasiones insondables.
Otro autor modelo en el caso que nos ocupa es Malcolm Lowry (Inglaterra 1909- 1957), quizá el más transparente junto a Bukowski. Su vida y su obra son indisolubles (acaso el rasgo que más caracteriza a los literatos drogados que, ante todo, se dejan la piel para ofrendar su honda labor).
Lowry, como London, fue un aventurero en una exploración nunca satisfecha. Se embarcó en 1927, a los 18 años, en un carguero que le transportaría de Liverpool a Shangai, Hong Kong, Yokohama, Singapur y Vladivostock. De esta experiencia vería la luz en 1933 su primera novela, “Ultramarina”.
En 1947 sería publicado “Bajo el volcán”, libro que relataría con fiel precisión su experiencia como alcohólico impenitente, sus sentimientos de culpa y su lenta autoinmolación... de la mano de un personaje (un ex cónsul inglés huyendo de sus fantasmas) viviendo en paulatina decadencia, hasta que en una ocasión es acorralado, ebrio perdido, por unos fascistas que le dan muerte en un burdel.
En 1935 y tras una temporada en un psiquiátrico de N.Y., el escritor se traslada a Hollywood, donde pretende ejercer de guionista, aunque su único guión, realizado en 1949 nunca vería la luz. Antes sería expulsado de Méjico, donde escribió su ya mentado, reconocido y más afamado trabajo, yendo entonces a la Columbia Británica, al oeste de Canadá.
Son incontables los accidentes y pérdidas constantes de sus textos originales. Su gran obra tuvo que ser rescrita y rescatada varias veces.
Murió asfixiado mientras dormía, en Sussex, Inglaterra, en 1957, tras una de sus crisis etílicas. En 1962 se publicarían, postreramente, sus “Poemas Selectos”, así como en 1968 su interesante compilación de relatos “Oscuro como la tumba donde yace mi amigo”. En 1984, John Huston llevaría a la pantalla “Bajo el volcán”.
Antes de hablar de Bukowski como paradigma “auténtico” de los mejores escritores borrachos, es de obligada referencia, aunque sea someramente (y haciendo caso omiso al propio escritor que considera a John Fante su maestro), nombrar a su verdadero mentor, Céline. Él mismo lo reconocería en uno de sus poemas, tras leer “Viaje al Fin de la Noche”, espetando nada menos que “yo antes era el mejor, pero ahora soy el segundo, nena” más próximo que Hemingway o Henry Miller, quienes siempre, con Cummings o W.C. Williams, son citados como claras influencias.
Louis Ferdinand Céline nace y muere en Francia (1894-1961), siendo denostado por su dureza, su talante crudo e hiriente y por su tendencia “nihilista y filonazi”.
Basta leer su magistral narración “Viaje al fin de la noche” para olvidar cualquier prejuicio simplista o lugar común. Publicada en 1932, es un puñetazo en el rostro del lector pusilánime o corto de miras.
Charles Bukowski nace en Andernach, Alemania, en 1920, emigrando con sus padres a Los Angeles, EE.UU. en 1922. Muere en 1994 en San Diego, y no precisa ni directamente por la bebida, sino por una leucemia.
Sabemos de su infancia difícil y rebelde adolescencia, del odio hacia su padre y desprecio hacia su madre, de su libre inconformismo motivado aparentemente por un grave acné que le volvía desagradable, no sólo físicamente y que le granjeó una creciente incomprensión ajena. Quizá a raíz de todo ello, fue tornándose huraño, agresivo, “diferente”, aislado. Sus borracheras comenzaron pronto y pronto fue expulsado del hogar familiar como un malnacido lunático, cuestión que le apegó aún más a la botella.
Su juventud dio paso a la madurez entre incesantes abusos alcohólicos, a veces durante días seguidos, en sórdidas pensiones y antros, pero también visitaba continuamente las bibliotecas en busca de libros y autores que hablaran su mismo idioma, el del excluido, el perdedor, el perturbado. Acechado por caseras, sucios colchones, ratas y peleas, vivió la miseria de trabajos indignos y peores compañeros, así que, o bien era despedido una y otra vez, o bien era él mismo quien, cansado de necios tiralevitas y frente al encargado, lanzaba el delantal al sucio suelo, yendo en busca de una consoladora y refrescante cerveza.
De este modo oscilaba entre la fobia social y la misantropía (“sencillamente, me siento mejor cuando están lejos de mí”). Individualista y singularmente noble, prefería la compañía de seres marginales, juguetes rotos, deformes, desahuciados, amantes abocadas al delirio, hombres y mujeres sin rumbo ni meta.
Empezó a escribir poemas a los 35 años, ya con mucha carretera a sus espaldas, sabiéndose inteligente, erudito y con estilo, pero los editores sólo alcanzaban a ver la forma y no el fondo, de modo que, a duras penas, percibían a un vulgar beodo pendenciero, misógino, miserable y antisocial (argumento que, sorprendentemente, aún sostienen grises y miopes academicistas), de modo que amontonaba en cajas las cartas, cuando las había, rechazando amable o ásperamente sus textos.
“El último maldito” y su bagaje literario es la focalización de una decadencia social. Sus digresiones distanciadas, como dejadas caer, sedimentan un poso de empatía para todo outsider que se precie, con su conscientemente prosaizante poesía o especial narrativa, cargadas de humor sarcástico, no exento de ternura, de la seca ternura que respira quien ya está de vuelta de todo. “Cartero” (1970), su primera novela divulgada, narra su trabajo en Correos durante 20 años, dándole relativa libertad literaria. Otras novelas reseñables son “Factotum” (75), divertidísima rememoración de sus diversos trabajos y consecuentes abandonos o despidos; o “Mujeres” (78), del mismo modo que “Escritos de un viejo indecente” (69), “Se busca una mujer” (73) o “Música de cañerías” (83), lo son como libros de relatos. Siendo más prolífico en poesía, es poco conocida en España, destacando la recopilación póstuma “El infierno es un lugar solitario” (Ed.Txalaparta, 1997), poemas, cartas y fotografías
:
“CÁNCER“...vomité en el jardín de rosas./pobre mujer.../al día siguiente llegué con flores./subí la escalera hasta la/puerta./había una corona./quise abrir la puerta./estaba cerrada./bajé la escalera/atravesé el jardín de rosas/y salí a la calle...”

BEAT GENERATION - FREAKS – ILUMINADOS

La vida es muy peligrosa y muy pocos sobreviven.
WILLIAM BURROUGHS

Antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, en Norteamérica, e igual que ocurrió en y tras la Primera con la Lost Generation –literatos desengañados emigrados a París, acogidos por Gertrude Stein (1874-1946): Hemingway (1898-1961); Scott Fitzgerald (1896-1941); Dos Passos (1896-1970); Ezra Pound (1885-1971); T.S. Elliot (1888-1965); Cummings (1894-1962), etc.-, surgieron un grupo de personas que fueron conociéndose uno tras otro y de forma eslabonada y aparentemente casual, asimismo hastiados de los modelos sociales y culturales que en buena medida y por su dogmatismo habían alentado los grandes conflictos armados: modelos preconcebidos inculcados desde la infancia, cerrados en sí mismos a modo de indestructible constructo deshumanizador. Era la Beat Generation e iban en pos de una Libertad con mayúscula, individual aunque no egoísta y, como en la Lost Generation, abierta a nuevos fondos y formas; rompedora vital, cultural y espiritualmente. Anhelaban una nueva vuelta de tuerca, una renovación en lo literario siguiendo los pasos “impíos” de todas las épocas y lugares, abriendo novedosos caminos desde un heterodoxo y heterogéneo eclecticismo atemporal, iluminado por Li Po, el Zen, los haikus japoneses, Khayyam, Baudelaire, Rimbaud y el simbolismo francés, pasando por Apollinaire, el dadaísmo, el surrealismo, el realismo más inmediato y la experimentación de algunos predecesores estadounidenses (como alguno de los antedichos “Lost”) o rusos (como Maiakovski).Y, evidentemente, por autores independientes, únicos, aunque a veces se encasille a alguno de ellos, como a Blake en un incipiente Romanticismo... Whitman, Poe, Dickinson, Kafka, Nietzsche, Dostoievski, Tolstoi, Melville, Céline, Reich, Huxley, Genet, Yeats, Lautreamont, Michaux o Artaud (estos dos últimos siempre estuvieron más allá de normas surrealistas, libando y aprendiendo psíquicamente de fuentes alucinógenas que abrieran sus percepciones y creatividad).
Les unía, además, un desmedido apetito por todo tipo de drogas, cosa que, entre otras, les distanciaba de sus compatriotas residentes en París. Creían en ellas como medio, no desvaneciéndose en la mera experiencia. Cada cual usaba las que más se adecuaran a su modo de ser y de escribir, de modo natural. En general corrían el alcohol, la marihuana, la bencedrina, el peyote, el L.S.D. y los opiáceos. En éstos anteriores Burroughs era todo un experto, así como Kerouac era ducho en el vaciado de botellas y el sobreconsumo de bencedrina, hasta la más ascética y contradictoria autodestrucción, y Ginsberg versado en “enajenaciones sobrenaturales”.
A través de la toma de estas sustancias creían, sobre todo Ginsberg y Kerouac, poder alcanzar cierto misticismo no religioso o Zen y por tanto una sabiduría filosófico-intuitiva no racionalista. No obstante, Allen nunca pudo evitar su reminiscencia judeo-cristiana, cuestión ésta que, quizá inconscientemente, le convertía en recto budista mesiánico, y por ello, anti Zen.
Kerouac, mientras, estudiaba el Tao, a Lao- Tse y el “Tao te ching”, Confucio, “El libro tibetano de los muertos”, el “I Ching”... Siempre cerca del vino, atormentado por su “timidez católica”, consecuencia del círculo familiar, y por no llegar (o no querer llegar) a esa integridad autodisciplinada y estable.
Burroughs, por su parte, prefería contemplar el infinito durante horas seguidas... “en la punta de los zapatos”.
Cuando salían por ahí había algo que también les era común y hermanaba, además del viaje como autoindagación: El be- bop, el jazz más salvaje y liberador, el humo perfumado de la marihuana y las incesantes copas desinhibidoras para apreciar en toda su magnitud los conciertos; dando palmas, animando a músicos y público, enloqueciendo, fundiéndose con el ritmo... En definitiva, siendo vivo presagio del amplio espíritu que pronto emanaría del rock´n´roll.
Jack Kerouac (1922-1969) sería quien mejor ejemplificaría, directo y apasionante, todos esos influjos y experiencias alumbrado por la bencedrina, enérgico y veloz tras una etapa vital confusa y dubitativa caracterizada por rechazos editoriales después del “éxito” convencional de “El campo y la ciudad” (50). Él ansiaba realizar documentos vivaces, retratos teóricamente espontáneos (finalmente se vio obligado a corregir y repasar) capturados en instantes casi visibles, poco más o menos, según su deseo, al modo de los haikus.
“En el camino”, publicada en 1957 tras una titánica perseverancia, se revela, igual que “Los subterráneos” (58) o “Los vagabundos del dharma”, del mismo año, como la obra de un escritor de bagaje y singularidad, reconocido por el mismísimo Henry Miller. En estas publicaciones, Jack refleja, antes de su ocaso, una Norteamérica aún contestataria.
Kerouac moriría totalmente alejado de sus antiguos amigos, prematuramente envejecido y senilmente conservador, acosado por el público y la fama, alcoholizado, vomitando sangre en su nueva casa de S. Petesburg, Florida, al poco de mudarse y casarse por tercera vez, ahora con Stella Sampas, a quien conocía desde la infancia. Su madre, persona quien siempre le apoyó, económica y emocionalmente, aunque nunca dejó de controlar sus amistades, sus escritos, y aun sus creencias, enfermó y quedó incapacitada, por lo cual Jack dejaría la casa a su nombre y cuidaría de ella hasta el final.
William Burroughs (1914-1997) fue el verdaderamente “extraño” del grupo, no sólo por su talante literario, también por su carácter y modo de entender las cosas. “El hombre invisible”, como así se le conocería, era un tanto taciturno, quería pasar desapercibido, perseguía su propio lugar como persona y como escritor “aparte”. Simplificando, se podría decir que era el menos ingenuo, el más “adulto”, el más cerebral.
De todas formas fue quien entró primero en contacto con Jack, menos interesado en aquel momento (los años 40), por seguir a éste en la literatura y mucho más cautivado por sus escarceos con las drogas y la homosexualidad., aunque más tarde y con Ginsberg es quien se entusiasma en la cohesión grupal, respetuosa e ilusionadamente, obsesionado por liberarse de su propio infierno tras haber matado de un disparo a su mujer Joan Vollmer, “jugando a Guillermo Tell después de que ella me desafiara colocándose un vaso sobre la cabeza yendo ambos ciegos”.
De este modo, a partir de 1951 escribió compulsivamente, sin dejar nunca de narcotizarse, destacando la colección de escritos “Yonki” (1953) y la aplicación en algunas de sus obras, desde 1959, de la técnica que denominaron “cut-up”, ya utilizada por el dadaísmo. “La máquina blanda” (1961-68) es producto de dicha experimentación, que consiste en recortar fragmentos de prosa y unirlos arbitrariamente, a veces con inusitados resultados, como pudo comprobar su admirador David Bowie, confeccionando las letras de su mejor época rock.
Sin embargo su libro más interesante en el terreno rompedor, más allá del “cut-up” es “El almuerzo desnudo”, escrito, tal como él indica en el prólogo, tras 15 años de ingesta de opiáceos y otras drogas, durante los cuales iba tomando notas.
Publicado en 1959 es su texto más delirante y celebrado, dotado de una lógica entre poética y alucinada, llevado al cine por David Cronemberg. Es destacable, asimismo, “Las cartas del yagé” (1963), escrito conjuntamente con Ginsberg.
Además distingue a Burroughs de los otros beat su procedencia, su extracción social, de la cual cínicamente renegaría mientras el dinero llegara... Nadie es culpable de ser el hijo del inventor de las máquinas registradoras homónimas.
Sobresale también, cómo no, Allen Ginsberg (1926-1997), reconocido como agitador de nuevas conciencias, defensor del rock mano a mano con Burroughs (los beat son en realidad padres de la contracultura, que ya en su día bautizara Kerouac como “subterráneo”) y guía de la transición de lo beatnik-hipster, como movimiento ya extendido, a lo psicodélico-hippy.
Consumidor empedernido de marihuana, LSD y peyote, ingresó varias veces en el psiquiátrico de Bellevue, siempre con la persecución sombría y acechante de la locura de su madre. Nadie puede negar su influencia y puesto de honor dentro y fuera del conjunto literario, de la mano de sus antes señalados compañeros de generación, con sus continuas colaboraciones poético-musicales, sus recitales y conferencias y, en fin, su vitalista e infatigable apoyo a toda conmemoración legataria de los suyos.
Quizá su obra, generalizando, sea otro cantar, pero no se puede juzgar la parte como un todo, y él se sabía, y ya es hora de reconocerlo, motor y mapa de ruta, además de los antes destacados, de muchísimos cambios ocurridos durante la segunda mitad del siglo XX. Cambios sociales, políticos, culturales, musicales... Reconocida es la influencia beat sobre Bob Dylan, Doors, Patti Smith, Fugs, Bowie, Grateful Dead., Tom Waits, etc. Y hasta sostuvo, Ginsberg, cierta relación con el punk (por cierto, Bukowski también mostró sus simpatías por el primigenio movimiento). Por no citar escritores, cineastas, actores... que han agradecido la herencia.
Retomando sus obras, los “peros” están motivados por una indigestión de Whitman mal asimilada, un budismo ingenuamente cristianizado y una tendencia redentora. Sin embargo el poemario “Aullido y otros poemas” (56) no carece de cierto encanto, precisamente por esa rara suerte de inocencia provocadora.

Otros autores menos conocidos aunque no menos importantes amplían esta corriente: Gregory Corso (1930-2001), uno de los alumnos más aventajados, es un muy aceptable poeta, de supuesta sencillez autodidacta.
Al año de nacer es abandonado por su madre e internado en un orfanato, hasta los trece años, ingresando de vez en cuando en el mismo psiquiátrico que conocería luego Allen Ginsberg. Más tarde fue encarcelado.
Es, en realidad, un hombre curtido en la calle y la reciedumbre, pero al mismo tiempo inteligente, sensible y adelantado a su época, con una interesante obra poética de halo ebrio y marihuanero (más tarde caería en las redes de la heroína, irónicamente “reñido” por un muy deteriorado Kerouac) y una novela. Brilla con luz propia su trabajo “Gasolina y otros poemas”, dado a conocer originariamente en 1958, en City Lights Books, librería-café-editora propiedad de Lawrence Ferlinghetti (1919...), poeta perteneciente a la escuela beat y editor, igualmente, de Allen, Kerouac, Burroughs, etc., perseguido, precisamente, por la “obscenidad” de la referida y conocida antología de Ginsberg “Aullido”, publicada en su editorial.
Volviendo a “Gasolina...”, de Corso, fue dado a conocer aquí en su día (1980) por Star books como el manifiesto de toda una época. Su lírica es profunda y cínica, sarcástica y vitalista, transgresora y de calidad. A caballo entre el simbolismo, el realismo, el surrealismo y la inmediatez de los haikus, es un compendio ecléctico y personal, en fondo, forma y ritmo; casi “perverso” en su frío distanciamiento:

SUICIDIO EN EL GREENWICH VILLAGE

“Brazos extendidos/Manos aplastadas contra el marco de la ventana/Ella mira hacia abajo/Piensa en Bartok, Van Gogh/y los chistes del New Yorker/Ella cae
Se la llevan con un Daily News sobre su cara/y un tendero echa agua caliente sobre la acera.”
Neal

Cassady, nacido en 1924, creció unido a un padre alcoholizado, pasando temporadas en reformatorios y después cárceles, predominantemente por su afición a conducir coches ajenos. Fue amante de Ginsberg y amigo fiel de Kerouac y acaba convertido en un buen lector, aconsejado por los mencionados. Más adelante, en sus últimos años, conocería a Ken Kesey, gurú de la psicodelia más ida, formando parte de los “Merry Pranksters”, conduciendo su autobús, totalmente imbuido por el LSD y por la idiosincrasia drogota de la época.
Inspirado por la bencedrina y la marihuana escribe, sin darle mayor importancia, cartas, innumerables cartas a Jack Kerouac. Éste queda impresionado por su estilo frenético y deja de lado su “imitación de Thomas Wolfe”, pasando a centrarse en Cassady y en el primer libro de Burroughs, “Yonki”, cuyo manuscrito lee en el hospital en 1951, tras uno de sus ataques de flebitis debido a su excesiva querencia por la referida bencedrina. A partir de aquí decidirá el estilo a seguir para “En el camino”.
Según Ginsberg y Jack, Cassady es “un magnífico escritor”, sobre todo a raíz de una larguísima carta enviada a Kerouac, escrita en tres jornadas de toma del susodicho, muy amadísimo estimulante: “un relato sobre un fin de semana de Navidad pasado en salas de billar, habitaciones de hotel y en la prisión de Denver, lleno de acontecimientos trágicos y cómicos a la vez”. De dicha carta sólo se conservan fragmentos, rescatados del olvido por Kerouac y Ginsberg, ya que éste confió su custodia a un tipo que se limitó a lanzarla al agua desde su barcaza, alrededor de 1955.
Animado por Kerouac acaba su autobiografía, viendo la luz tras su muerte, “El primer tercio” (71). Moriría en 1968, en San Miguel de Allende, Méjico, a los 44 años, tirado sobre unas vías abandonadas de ferrocarril mientras caminaba, tan alcoholizado como concluiría Jack sus días, además de pasado de calmantes que utilizaba “para abandonar las anfetaminas”.
Su importancia reside más en ser en vida el modelo ideal beat, como poética andante y musa inspiradora, que en su propia creación sobre el papel.

Existen otra serie de personajes más o menos relacionados con los beat que no responden totalmente a su coyuntura o a la premisa “literatura-drogas”. De todas formas hay sucesores muy influidos por ellos que sí coinciden...
Es el caso del reseñado Ken Kesey (1935-2001), con su novela “Alguien voló sobre el nido del cuco” (62) -llevada al cine por Milos Forman en 1975 y protagonizada por un gran, aunque siempre histriónico, Jack Nicholson-, más destacable por sus happenings “iluminados” y su pandilla de freaks a bordo del psicodélco “magic bus”, siguiendo la senda de Ginsberg como “pastor” del emergente hippismo y sus correspondientes pasotes de LSD, peyote, psilocibina, etc.

Pero inmediatamente se me ocurre como ejemplo más afín, el de Hunter S. Thompson (1939...) y su entretenida, divertidísima, desvariada y satírica crónica “Miedo y asco en Las Vegas”, publicada originalmente en 1971 y acertadamente trasladada al cine por Terry Gilliam en 1998, aunque el libro, como casi siempre, supera con creces al film... Literatura-periodismo, periodismo gonzo, nuevo periodismo o llámesele como más guste, en realidad no es, ni más ni menos que un clarísimo legado beat: Por la óptica argumental, por el viaje físico y mental, por el veloz ritmo narrativo y transcurso de acontecimientos y por el ácido trasfondo antistema.
Un periodista y su acompañante “abogado” deben cubrir la información sobre una carrera motorizada que se celebra en Las Vegas, recibiendo 300 dólares por parte de una conocida revista deportiva de N.Y., los cuales son prácticamente dilapidados entre hierba, mescalina, ácido, farlopa, estimulantes, tranquilizantes, tequila, ron, cervezas, éter y nitrato amílico, todo ello cargado en el maletero de un coche alquilado en Sunset Streep y en los sistemas nerviosos de ambos viajeros.
Thompson explica todo lo ocurrido en “sus peligrosos enfrentamientos, dopado hasta las cejas, con los empleados de casinos, camareros, estupas y demás representantes de la Mayoría Silenciosa”. Como atinadísimo subtítulo: “Un viaje salvaje al corazón del Sueño Americano”.

CARLOS IGUANA. BARCELONA

Imagen: Ginsberg/Gregory Corso

servido por marchenaescritor 11 comentarios compártelo

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:::Lucía::: (queso_con_miel)

:::Lucía::: (queso_con_miel) dijo

Muy interesante su artículo. Si la memoria no me falla, me parece que Edgar Allan Poe también era alcohólico, y fue un gran escritor. Un factor influyente en estos escritores oscuros y difíciles de entender ( por lo retorcido y brillante de sus pensamientos) es una vida difícil y tendencia a la depresión; en los momnetos difíciles, la mente se pone creativa para canalizar los malos sentimientos en forma positiva, y se trata de dar explicaciones a cosas impalpables.

Lucía

27 Septiembre 2006 | 09:57 PM

Xiu Xiu

Xiu Xiu dijo

Ah...fantástico, placentero recorrido!
citas a muchos de mis favoritos, empezando por London y Lowry! y acabando por Hunter S. Thompson!
Aunque he echado en falta a Hubert Selby Jr. "here I is", también condenado a muerte por los doctores
Gracias!!!!!!!(por cierto, estupendamente bien escogida la foto)

27 Septiembre 2006 | 10:00 PM

CARLOS IGUANA

CARLOS IGUANA referenció

matematica demente parte i matematica demente parte i

...lacoctelera.com/marchenaescritor">Adolfo 2 comentarios <A class=shaker_sharethis id=sharethis_366240 onclick...

14 Abril 2007 | 01:35 PM

CARLOS IGUANA

CARLOS IGUANA referenció

matematica demente parte i matematica demente parte i

...Gracias!!!!!!!(por cierto, estupendamente bien escogida la foto)
27 Septiembre 2006 | 10:00 PM
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14 Abril 2007 | 01:35 PM

CARLOS IGUANA

CARLOS IGUANA referenció

matematica demente parte i matematica demente parte i

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14 Abril 2007 | 01:35 PM

CARLOS IGUANA IGUANA

CARLOS IGUANA IGUANA dijo

AHORA LLEGA LA SEGUNDA PARTE, GRACIAS A JOSÉ BOIX Y A QUE ME LEVANTO Y ME CISCO EN EL MOBBING PUJOLAR

6 Mayo 2007 | 05:10 AM

azul

azul dijo

la fotografia de Ginsberg/Gregory Corso esta buenisima, y me pregunto si es que tiene D.R. O DE AUTOR YA QUE ME GUSTARIA PUBLICARLA EN LA REVISTA INDEPENDIENTE EL GOLEM DE LA CIUDAD DE MEXICO QUE EN ESTE SU SEGUNDO NUMERO HACE UN HOMENAJE A CORSO.

1 Enero 2009 | 04:12 AM

CARLOS IGUANA IGUANA

CARLOS IGUANA IGUANA dijo

POR SUPUESTO QUE PUEDES, AZUL, COLOCAR LA FOTO DE ESE ARTÍCULO QUE HICE EN EL 2004, PUBLIQUÉ EN LA REVISTA DE TIRADA NACIONAL ROCK-CULTURAL, RUTA 66 Y LUEGO, POR SU INTERÉS, LA PASÉ A "LITERATURA", CUANDO COLABORABA CON ADOLFO. AHORA ESTOY EN www.lacoctelera.com/carlos-iguana EN LA PÁGINA "CARLOS IGUANA" .MEJOR ESCRÍBEME A carlosiguanae@yahoo.es PARA CUALQUIER COLABORACIÓN.

3 Febrero 2009 | 12:15 AM

virginia

virginia dijo

hmmmmmm. Ahí te dejaste la pel. Chapeau.

6 Febrero 2009 | 10:47 PM

Johnny Thunders

Johnny Thunders dijo

Las coincidencias en gustos que voy descubriendo me alucinan, chaval.¡Queremos la segunda parte, bandarra! qQue no te dé más por el suicicio y toda la pesca. ¡a galopar, a galopar! Pero ahora con un caballo salvaje.Ahora lleva tú las riendas, colega.
No te me falles. No montes ese caballo/desconoce la verdad/es un caballo en la sabre que te destrozará. Sube, sube, a ese otro caballo molante. No seas otro tesoro que se nos va.

12 Marzo 2009 | 11:27 PM

Johnny Thunders

Johnny Thunders dijo

CARLOS IGUANA: Inimitable.

13 Marzo 2009 | 12:06 AM

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adolfo marchena. Okina (1967). mucho por decir y mucho por callar- leyendo en metáforas de colores Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es
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