DE CÓMO UNA IGUANA SE META-INDUCE EN MARMOTA Y CAE AL VACÍO EN UN POZO
“Porque sueño, yo no lo estoy” (Léolo, 1992, Jean-Claude Lauzon)
Estoy cansado, muy cansado mientras esto escribo. El 27 de julio ingreso en Sant Boi para iniciar una terapia contra el alcohol en coadyuvación con un intenso seguimiento psiquiátrico, pero antes he atravesado el fuego, he pisado las brasas y la recuperación será lenta. Psicológicamente espero aprender a transmutarlo en catarsis.
Sin la inestimable ayuda del viejo amigo José Boix, escritor, crítico y periodista, ex director de la revista literaria “El Vendedor de Pararrayos” (donde publicaron, entre otros muchos, Adolfo Marchena y yo, viejos tiempos, antes de que el mercado y el Capital barrieran a todas las revistas sin grandes recursos económicos, incluyendo en este contubernio a distribuidores y libreros- qué lejos andan aquellos libreros que amaban la literatura-) y miembro de la revista rock-cultural “Ruta 66” sería incapaz de retomar las riendas de este desbocado caballo a cuyas crines he estado aferrándome para no caer. De ahí el cansancio; la fatiga, luego de una prolongada depresión que concluyó en fibromialgia.
En la primera parte de “MATEMÁTICA DEMENTE” (ver Ruta 66. nº 207, “Literatura y drogas”,2004) me pasé días y noches seguidas, durante meses, leyendo libros, investigando y, sobre todo, dejándome la salud. a base de la ingesta, oral, esnifada e inyectada de clorhidrato de efedrina, en una suerte de flash-back de mis tiempos, ya demasiado pretéritos, y que bien caros pagué, de cuando andaba de la mano del speed. Exactamente cuatro años que me costaron otros cuatro de atención psiquiátrica.
Es a mi “yo”, evidentemente, a quien interesa recapitular e indagar en por qué he hibernado durante dos interminables años de angustia, dolor y hastío. Caída al vacío en un pozo que ha requerido, léase como se lea, la emergencia.
Rozando los cuarenta años volví de nuevo al exceso, al monstruoso exceso que ya aburre, ya cansa, ya fatiga, de, tras la toma de estimulantes, la inexorable ingesta compulsiva de alcohol, desde la mañana hasta la noche.
Y ahora, en este dramático mirarse al espejo, golpeo con un potente puñetazo porque ya estoy cansado, y repito que sin la noble ayuda de José Boix toda segunda parte hubiera quedado en papel mojado.
Retomando a William Burroughs jamás olvidaré que “la vida es muy peligrosa y muy pocos sobreviven”
“Sólo escribir da sentido a la tragedia de la sordidez cotidiana” CARLOS IGUANA.
( A 24-9-06, antes de retomar contacto. -¿casual?- con Adolfo y poco después de hacerlo con José Boix. Ambos me han resucitado. Equilibrado ahora por voluntad de poder, en paz, con 39 años y en homenaje para ambos )

Imagen: Léolo

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laveron dijo
vamos...Don William vivió hasta los 90 casi. La cuestión es decir voy a sobrevivir. Eso no significa que mañana seré florcita linda, si no que llevaré mis cargas y tributos con dolor y valor, y aún a si...SOBREVIVIRÉ.
Un saludo!
laura
25 Septiembre 2006 | 01:09 PM