ELI TOLARETXIPI
La muchacha que limpiaba la escalera
no esperaba que el cepillo negro
que entrevió en un rincón del desván
fuera a saltar al patio interior de la casa
y los residentes se pasaron ocho días
tirando por la ventana los restos de la merienda
sin preguntarse por la metaformosis.
El gato tampoco se preguntó
por el milagro de ser y de ver
ni por la rázón de su azaroso cautiverio
y restó importancia al hecho de que
la presa que agonizaba entre sus patas
fuera una bola de papel.
Las solitarias eligen siempre
el piso más alto para soltarse
para tirar las hebras
y lo que se espera de un gato es que salte
cuando alguien lo confunde
con un cepillo de restregar los suelos.
El gato, por un instante,
se ovilla en la eternidad.
La muchacha de la escalera
se detiene en el cerco de los pasos.
Las solitarias pasan agujas
por el núcleo de los bultos de aire.
Y el poema
es lo que contiene el ojo
tras un barrido inesperado.
Eli Toraretxipi. San Sebastían.
Imagen: Dorotea Lange

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CARLOSIGUANA dijo
ELI TOLARETXPI... TE RECUERDO DE CUANDO ESCRIBÍAMOS EN REVISTAS. YO LO DEJÉ Y TÚ CREO QUE AHORA ANDAS PUBLICANDO.
UN BESO
4 Septiembre 2006 | 11:05 PM