EL SAN BERNARDO QUE VOLÓ POR UNA VENTANA
(basado en una noticia aparecida en prensa el miércoles 26 de julio de 2006)
Uno en realidad se equivoca cuando dice que el san bernardo voló por una ventana, pues nos estaríamos imaginando, nada más y nada menos que a un perro de aproximadamente ochenta quilos, con alas, y bien grandes, como las compresas, las de las anuncios o los retbuletes, que te hacen volar hacia las nubes tontamente como si te hubieses fumado un buen canutito. Y ni lo uno ni lo otro. Digo yo. Cada cosa en su sitio. Lo cierto es que la noticia es muy breve, tan breve que casi ni se aprecía en la página del periódico que miro, o miré, pero me resulta digna de ser comentada. Podemos imaginarnos cómo un san bernardo acabó volando por una ventana, en plan a, b o c, que suelen cuestionar los psiquiatras.
En a podría ser, tanto en una hembra como en un macho en estado de celo (con el olfato que tienen), que no soportaron, y del brinco (vaaaaya brinco), cristal por delante, no esperó, ella o él, la correa del dueño o de la dueña. En b tal vez se comiera la planta ya cogollada de marihuana que cultivaba su dueño o su dueña, o ambos, o el trío y ya en la c, se nos puede ocurrir de todo: desde que se equivocó con el valium 50, la ginebra o quiso ser poeta y emular, no sabemos, recitar al viento, como la película, remando al viento, Byron, que suena a san bernardo con botiquín de madera colgado del cuello salvando a un montañero. Pero no, no fue así.
Un vecino de la ciudad de Sonowiec (Polonia), que podemos suponer pesara lo mismo, pero si era canijo, como muchos lo somos, el golpe, imaginemos... Regresaba, el vecino, tranquilamente (tal vez con un periódico o un ramo de flores) a casa cuando le cae encima el perro de la raza ya citada.Y es que sus amos lo habían arrojado desde un segundo piso. Fuerza tuviero y altura, considerable. Porque ya, si pensamos, una maceta te deja una brecha pero un san bernardo, no sé, a mi, nunca se me cayó uno, pero si alguien ha experimentado tal consecuencia, por favor, que escriba a Literatura y narre, si puede, los detalles del evento. La cuestión es que el peatón, con sus flores o su periódico, amortiguó, cita textualmente la noticia, la caída del san bernardo, evitando su muerte. Pero no dice que fué del cojín sobre el que cayó el contingente citado. Así que habremos de suponer que el peatón-salvador acabó en una ambulancia con sirenas, y hay que decirlo, a toda hostia, camino de urgencias. Y llega la policía, de lo poco que aclara la noticia que curiosamente rima con policía. Noticía-policía-tontería. La cuestión y aquí me invento la escena. Una habitación tipo Chinaski. Botellas vacías y sillas tiradas. Pues sí, la policía se encuentra a un matrimonio totalmente ebrio. Esto ya nos lleva a la pregunta de cómo fueron capaces de amarrar a semejante animal, tambaleándose, y arrojarlo por la ventana. ¿Y qué les haría el perro? Les molestaría el nombre, les chuparía algo de vino o les comió el último trozo de jamón rancio... La mujer, sigue la noticia, se encontraba en estado de gestación y apenas podía moverse y el hombre dio una tasa de alcohol de 2,5 como para romper cualquier detector de hígados de metales.
Ya no sabemos qué opinar. Esto incita a que cualquier lector o lectora escriba el más disparatado comentario porque la situación no tiene comentario y si lo tiene tiene mil comentarios, que no es un juego de palabras, pero de verdad, no puedo seguir, porque veo al san bernardo y me veo volando...
Charles Bouza. Laredo (Cantabria)

Imagen: San Bernardo

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

locaporlaluna dijo
Sin ánimo de competir en esto de "a ver quien vio el San Bernardo volador más pesado", la historia me recordó a una historia verídica, contada de boca de mi difunto padre durante sus sesenta y pico de vida.
El evento transcurrió en la Plaza Independencia de Montevideo, Uruguay (la plaza del Teatro Solís) y se convirtió en tragianécdota, porque un peatón, ya inmortalizado, murió en el acto al caérsele una nutria.
En el acta de defunción podrían haber escrito:" fallecido por un nutriazo" y en pleno centro, como para hacerlo más impresionante.
Lo cierto es que ese cuento, siempre fue usado por mi padre para enseñarme, desde el humor, la fragilidad de la vida y la certeza de que cómo, dónde y cuándo nos llevará la señora, no lo sabemos.
Un abrazo, he carcajeado bastante hoy.
27 Julio 2006 | 01:38 AM