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La Coctelera

LITERATURA

Recuerda recordar

24 Julio 2006

HAITZEA, LA PRINCESA QUE VOLÓ A LA ESTRELLA AZUL QUE DUERME CON UN DUENDE

(Esta mañana conocí a una niña de 5 años de nombre Haitzea que me pidió que escribiese para ella un cuento, entre los dos pusimos el título)

Pensamos que no existen los palacios de cristales porque creemos que los cristales se rompen. Pero los cristales son fuertes como los robles que crecen en los bosques. Es un árbol y hay muchos, como los pinos o los abetos. Todos tienen corteza, como los príncipes. Y crecen siempre, donde hay mucha hierba. Allá en la hierba, existen, pequeñitos seres que no vemos. Son como animales, o acaso, como peces, o a veces como sueños que tenemos por las noches y no nos dan miedo. Pero a veces, cuando salimos a la calle, los coches y las bicis, parece, y no nos gusta, que quieren atropellarnos. Pero no, en lo verde,en toda esa hierba, tan grande y a veces tan pequeña, todo crece como si fuesen lechugas o tomates muy rojos o eso que nos comemos en las ensaladas y nos sabe tan rico. Y ahí crece, solo, sin la ayuda de nadie. Ya ves, Haitzea, que el mundo es más grande que esos ojos que me viste. Sí, te miraron y me creíste un indío. Ah! los indios, qué hermosos los indios. Ellos tuvieron una madrina con alas de plata. Y esa madrina vestía un vestido pera de verde claro. Era una madrina que curaba a la gente. Y lo hacía con sus manos. Las frotaba muy fuerte y se las ponía en la piel, en su frente o en la cara, y con ello les curaba. Y todos, después, bailaban.Y la madrina regalaba su vestido y luego dejaba sus alas de plata para que todos volasen. Y también hubo princesas que fueron amigas de los planetas. Sabes Haitzea, hay más planetas que dedos y tienen muchos nombres. Pero no nos importan sus nombres. Total, nos van a equivocar, y no queremos que nos equivoquen, pues todos son redondos, como las canicas. Pensemos que podemos dormir en cualquiera. Pensemos que podemos beber agua o tomar un bocadillo o preparanos un fuego y asar un alimento, en cualquiera, con ese hada que sueñas. Por las noches, cuando te acuestes, seguro que sueñas planetas y cada noche tendrás colores de mañanas, que tu verás son diferentes. Porque un día llueve y otro nieva y otro hace sol. Y quisiste una bruja buena. Ah, una bruja buena. Sí, brujas, hay muchas. Y buenas, también. Pues todos queremos lo bueno, que todo sea bueno. Queremos el beso, como ese que me diste, el abrazo, lo que tenga cariño, lo que papá te da por las noches, o aquello que nadie nos roba, un cuento, por decirte algo, la libertad. ¿Sabes lo que es? Es una flor. Como una margarita que tiene el color de tus ojos. Eso es la libertad, el color de tus ojos. Entonces la bruja se hizo amiga del príncipe y era buena y sabía mucho. Y el principe se había puesto enfermo porque le había picado un mosquito. Y la bruja cogió una palito y le tocó su mano, al príncipe. Y éste se curó y le dijo: gracias, bruja buena. Y se fueron, muy dentro del bosque, con todo lo verde, lo que a ti te gusta, y a muchos niños, toda la hierba, con los robles. Y se encontraron con el perro Wiffi, como aquel que tuviste, que ahora te mira desde las nubes, y te sonríe, pues los perros siempre quieren, siempre, y Wiffi no era grande ni pequeño, era un perro de color violeta y tenía orejas grandes y colgaban como tiestos. Y no ladraba, hablaba. ¿Pero cómo? Sí, Wiffi, hablaba. Entonces se fueron hablando, Wiffi, la bruja, y el principe y se encontraron con las princesas de los planetas. Es increible, parece. Pero en ese bosque, todo es posible. Pasó la tarde y se hizo de noche, pero nadie tuvo miedo. Porque la noche es buena, como el día, o la tarde. Y se sentarón todos juntos. Y se pusieron a mirar. El sol, ya se había ido a dormir. Pero había venido la luna y también las estrellas. Había dos que se llamaban Cástor y Pólux, que son hermanas, pero todas son amigas. Ya te enseñaré, un día que vayamos. Y allá, estábamos todos ý tú tenías un vestido largo de azul clarito, como querías. Y te fue entrando sueño. Se te caían los párpados. Y todos te cuidamos y te tapamos con una manta de pelo de oveja. Llegó el silencio aunque se escuchaba, muy bajito, un pájaro, que te decía, duerme, duerme, Haitzea, mañana te despertaremos...

(cuento elaborado junto a Haitzea, 5 años)

adolfo marchena. Vitoria.

Imagen: Hadas

servido por marchenaescritor 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

yiyi

yiyi dijo

ayyyyyyyyyyyyyyyyy que lindooooooo!!
quiero entrar en un bosque u.u

18 Agosto 2009 | 03:51 AM

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Sobre mí

adolfo marchena. Okina (1967). mucho por decir y mucho por callar- leyendo en metáforas de colores Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es
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