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La Coctelera

LITERATURA

Recuerda recordar

16 Julio 2006

ME LAVO TUS DIENTES, SUSU BILIBI

Ya fuera de todo contexto, me lavo
tus dientes, protego la nada, ya sentada en el barro
excavadoras sin alma, contemplas con tila que fuera
una imagen desenfocada, y abres la caja de un sol
en madera tallado, que no recuerda las calles
de una ciudad levantada. Calcetines rojos, usados,
de suelos que andaron, de pisadas, de temblores,
y un collar, rojo, verde, amarillo, va lento, nunca
sospechado, me hice... qué, soporte de una vena,
y luego, bajé el camino, sin brazos ni piernas.
Una hoja morada, Africa en mi cuello, en tu cuello
Senegal y Etiopía, todo lo traje, lo intenté, no la
marea, ni el cuarto creciente, ese lo vimos, todo
lo traje, tu propia belleza, y si te falta el abrazo,
sostengo teclados, y si esto no entiendo, nada entiendo
que entiendas, y nadie entiene qué digo, si nada digo...
Qué pienso....

Todo es bostezo sin ganas y luego vuelvo al espacio,
pero no es necesaria la nave, son necesarios, tan simple,
los pies con las uñas, cortas o largas, como olas de azules
o verdes de ojos, diría, lentillas de antojo, pues prefiero
ese marrón de tu tierra, que ha mostrado este amanecer
de una puerta en abeto, que se abrió, de repente, y
dentro, desnudas las almas, nos hizo evocar una hoguera
que hizo fuego, tan sólo, a base de esfuerzo de aliento.
Y vino después el diván a decirme que sutil mi mente
padecía de espasmos, contestarón las hojas, tan simple,
que Froid temblaba ante el vello púbico de una mujer
ensamblada. Buscamos el número ciento uno y no encontramos
respuesta no, no quisimos darla, y sobre un vientre
llovió la última escarcha de la mañana. Y todo vínculo
de letra me hizo torpe ante el labio, el contenido de un simple
suspiro y supe que quiero ser la ingenua ambulancia
que transporte a pobres, niñas sin bilis y putas,
desangradas por trajes de caoba, que quiero ser
todo aquello de cuanto fui acusado, cuando otros
fueron culpables, y cumplir condena perpetua, sin ser
necesaria mi pena, pues seguiré queriendo esa puerta
y esa bici de cuarenta años, pues sé que treinta son
los años y sé que fuera tú me esperas. Fueron los
culpables, y a la piedra perdono, la que se interpuso
en mi camino, y derribó y trató y conjugó, tristemente el verbo, pues supe, que el maiz es
gaviota sobre tu hombro, que nada vale más que el
momento en que nos decimos que todos deambulamos
y podemos envenenar y también arrojar fuegos fatuos,
pero vi, que algo salvaje reina en lo decadente,
y fue tu hombro salvaje, el que dijo, te equivocas,
no torpe, verbo de incontinencia, como gas sobre
el asfalto, la palabra que faltaba para ser, no el
chamán que me creía sino el hombre que me faltaba.

(a quienes me robaron el aliento y me devolvieron el aliento, o simplemente a quien conduje su coche)

adolfo marchena. Vitoria

Imagen: Literatura

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Sobre mí

adolfo marchena. Okina (1967). mucho por decir y mucho por callar- leyendo en metáforas de colores Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es
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