MEANDO EN CUNETAS SENTIMOS GRUNETAS
Y tanto unos como otras nos bajamos
de los coches, ante aquella larga
ancha carretera cuyo polvo se detiene
ante nuestras ruedas detenidas. Volantes
que sostienen el solsticio de una cumbre,
la caída de un espasmo, y el sonrojo
de toda una ciudad que te contempla, allá
en hilera, mas qué sucede, que todos meamos
en hilera. Y nos bajamos los calzones y las
bragas y no existe diferencia entre el morado
y el blanco satinado, y yo llevo lazos en el
trazo de tu vello y tu la mascota de mis dioses
en mi pene disecado. Y solamente por esto somos
los escritores perturbados, pero nos tumbamos
en hileras, en cunetas ante las necesidades más
humanas, y nadie reclama comerse cien hamburguesas
y perecer de terrible lenta cruel obesidad vendida
por cadenas fuera de esta cuneta donde meamos
lindamente bajo chorros no de influencia, no
impertinencia, ni mirarnos siquiera, adorando
que cae la última gota de vino agua o gaseosa,
y saber que los cielos nos contemplan ciegos,
que somos arquetipos de la sola voluntad a decidir
que la valentía es detenerse y arrancar de nuevo
a volantazos firmes, junto el río, lejos la gravilla.
Adolfo Marchena. Vitoria
Imagen: Dorotea Lange

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

Ana Chien dijo
después de leer esto, la próxima vez sentiré que estoy haciendo algo epopéyico
gracias, ja ja!
11 Julio 2006 | 08:38 PM