MUJER COMO NUNCA DIJE
Eres ya búho en mi cueva,
mujer como nunca dije,
planta, borrador de mi memoria,
asistes a mi viejo cojín de colores
desgastados, me soportas las sombras
y contemplas mi muerte y ya mi vida.
Ni pudiendo condensar todas las palabras,
ni hirviendo el agua a tántos kilómetros
por hora sería capaz de trazar la curva
de tu cadera, y soporto estampidas para
sostenerte siempre a tiempo. Nada más
allá de aquellos que intentan inflingir
mis normas, intentando entrar en mi cueva
sin permiso, tuya la vacante de los dioses,
el humo siempre escoltado por la manivela
de mi sangre no dormida.
Eres búho, símbolo, atracción
no desgastada, y asistes a mi entierro
y dejas flores secas en mi tumba porque
sabes que regreso cada noche.
No me digas más palabras, no hace falta,
me sobra todo el alimento, soy, es cierto,
la bandeja blanca de los pobres,
soy, es cierto, el dilema de los trances,
pero tú, ya viste, nada soy que no lo quiera,
y quiero ser tu pertenencia, no importa,
acaso sea yo más torpe o menos que cualquiera,
fingir, son todos necios como fieras malheridas.
Mañana, volveré a verte, nadie me prohibe
la luna que sembraste en una silla sin pronombre.
Adolfo Marchena. Vitoria

Imagen: Paris dans l'oeil de Willy Ronis

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

laveron dijo
¡qué belleza, adolfo!
no cabe comentario ni hay palabra alguna más que esa...
un beso
laura
5 Julio 2006 | 11:24 PM