SEÑORITAS: DOS CAJAS DE VIAGRA
(basado en una noticia publicada en prensa el jueves, 22 de junio de 2006)
Un hombre de 54 años, que pudiéramos imaginárnoslo de muchas y variadas cortezas, continentes y maneras, también sentires, digamos: hombre que se abre una desgastada gabardina y muestra su escuálido pellejo, tópico, hombre de traje de marca, falsificado o de segunda mano, hombre al uso, más común, hombre, al fin y al cabo, primitivo, asalta una farmacia para reclamar dos cajas de viagra. Si se tratase de Robin Hood se quedaría una y repartiría la otra entre el resto de los desquiciados. Y esto derivaría en un guión luego para una película dirigida por los Cohen o algún que otro director de ínfulas al orden. El escenario, Madrid, la calle, José de Cadalso, que es lo de menos, pero trataré de ser lo más fiel posible a la noticia publicada, y es que estos articulitos que apenas se ven dan mucho de sí y suelen pasar desapercibidos pero en la medicina, yo diría que en el campo de la psiquiatría, a buen seguro, tendrán sus buenas carpetas, repletas, archivadas, enumeradas, coloreadas con esos rotuladores que lucen más que las propias y tristes lámparas de las salas de espera. Este buen señor, con una pistola falsa en mano, falsificada, exigió, parace ser respetuosamente, a tempranas horas, las dichosas cajas de viagra a dos atentas farmacéuticas que, es de suponer, aún legañosas, pensarían en una cámara oculta camuflada bajo la gabardina, el traje o el paraguas, pese al incipiente sol de madrugada. Pues hoy en día, puestos a robar, lo mínimo, si nos ponemos a pensar o trazamos un buen robo, no estrujándose demasiado la ramificación nerviosa de un cerebro que apenas atascamos ya ni en el amor ni el trabajo y menos digamos en las partituras o en la lectura mínima de una, iba a decir novela, y digo revista del corazón, por atajar, lo suyo sería tirar de un milloncete para arriba, donde puedes adquirir las dichosas viagras y algo más, como un viaje al Trópico, no con dos, ya puestos, con cuatro cajas. Y uno piensa incluso si al subsodicho elemento se le olvidó raspar el rojo que el cañón de las pistolas que se compran en las tiendas de juguete muestran que dichas armas resultan inofensivas. La cuestión es que, en ese momento, entra otro cliente. Nos vamos a imaginar, pues no lo cita el artículo, tan breve, qe otro hombre de su edad, que va a comprar unas aspirinas para su mujer, que nos queda muy bien para el artículo, ya que pocos hombres compran medicamentos para sus mujeres bajo excusas como tengo que bajar al perro cuando a la pobre criatura la atropelló un camión el mes pasado. Uno de esos pequeños yorshaire que la mujer llevaba cada mes a la peluquería canina. Y nuestro hombre, el de la viagra, ante el pánico, temor, duda o desconsuelo, huye, con la cabeza gacha. Ya si imaginamos el breve recorrido la escena se nos muestra cinematográfica, con banda sonora o inluso cualquier cantoator compondría una canción, desde el envejecido Sabina, a quien cantan las mujeres, Francis, de Doctor Deseo, Rosendo, Los Fito, Amparanoia o Amancio Prada. No contento, nuestro hombre regresa al cabo de unas horas con un par de ramos de rosas rojas que regala a las farmacéuticas con las consiguientes disculpas. Uno vuelve a pensar que esto no es el día de los enamorados, esas fechas comerciales, que cada día del año las tiene, y trabajamos para anotar balances desesperados, y de haber sido uno, hubiese llevado fitónias, amapolas u hortigas, de tánto ridículo sembrado. Y les traslada el argumento de los hechos o el motivo de su herejía. Pretendía robarlas porque buscaba conocer su efecto para posteriormente escribir un reportaje para una revista. Concluye la noticia diciendo que se comprueba que dicha información, es completamente falsa, lo cual, tampoco es de extrañar, no era necesario investigar.
A este señor debieron engañarle algunos jóvenes gamberretes, invitándole a una macrofiesta tipo bacanal, tal vez en ello derivase la imaginación de nuestro hombre, que en sus tiempos pudiese leer algo de Jérôme Carcopino, y pensó que, ya puestos, lo suyo era aprovisionarse, que el devenir se venía torero. Pero del efecto a la borrasca va una lluvia y de una cápsula a dos cajas bastantes polvos de articio. Bien pudiera haber acabado en urgencias, de aconter el hecho y el hombre, animado, tras mezclar todo aquello con alcohol y un par de porros y algo más que química. O podemos pensar que quiso darle un ratito de placer a su mujer, si a estas alturas lo más práctico es pensar que para tanta molestia lo suyo se trataba de un romance, pagado o no pagado y precisaba dar la talla. Pero de nuevo... dos cajas. O simplemente, alquiló una buena porno y la manguera se quedó enrollada....Lo cierto es que, la imaginación, por muy tonta que sea, nos conduce a osadías, por muy tontas que nos parezcan, que al menos nos sugieren que estamos vivos, aunque se traduzcan en un artículo de prensa y en el absurdo y particular robo de dos cajas de viagra. Pero este buen hombre, ya lo imaginamos de alguna manera, tenemos infinitas, ya tuvo su minuto de gloria, y su espacio en un periódico.
Charles Bouza. Laredo (Cantabria)

Imagen: Garb Ammta

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