NO NAÚFRAGO EN TUS ESPERAS
A decir verdad, si acaso encuentro´,
no pescantes de la espera, soy naúfrago
de mi propia vela, encendida noche,
enteras noches de lunas menos torpes
que las anteriores lunas ya crecientes.
Si amanece mañana antes que los periódicos
atraviesen los andamios, tal vez recuerde
el camino que me llevó perdido a ciertos
episodios, circunstancias de alcoholes ya oxidados,
pero acaso recobre mi memoria que una vez amó
y luego odié y luego tuve el coraje de denunciar
en una comisaría la desaparición de mi propio
cadaver. Aquel despertar en la cama de un hospital,
tremendo, en un pijama azul con un estúpido número
más bien de un presidiario, y yo diciendo me largo,
y ellos diciendo te quedas, y al final venció
el mesteño... pero nunca se da uno por vencido,
o acaso vayamos derrotados, en todo caso siempre
llega un vendaval del norte que supura todas las
palabras y estas palabras ya no son constantes,
y esta constante ya prefiere consonantes, sobre
todo la A, por ahí comienza todo, como amar,
también asesinarse, pero eso queda para aquellos
que trafican con el verbo o trafican con los cuerpos.
A mí me queda simplemente el sabor de un minuto
que contemplo de cara a la pared, cuando pienso
en esa A, y no naufragaré en tus esperas y señales.
Adolfo Marchena.

Imagen: Madonne de Alberto Magliozzi

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

madonne dijo
un lavoro di grande comunicazione che non e' stato capito
Alberto Magliozzi
3 Julio 2006 | 04:41 PM