Y LOS HOMBRES EN SUS FÁBRICAS
hoy una voz me despierta del estravismo
y la miopia. me conduce a la sonrisa
que detuvo el marabarista de la toga negra.
al menos tuvo el atrevimiento de intentarlo.
no le quedó otro remedio que tocar a desacato
cuando acerqué mi mano al micrófono y mostré
mis dientes. ¡qué poco sentido del humor!
hoy me levanto y miro el color de las persianas
y me persigue la quimera y la sensación de que
alguna galáxía penentrárá mi vía láctea para
ser lactante y poseer la encrucijada. Ojos de
agua para el estanque donde flotan las verdades.
Para que nadie ignore que ciertas historias
fueron inventadas. Hoy viajo acompañado hablándole
a la nada, adentrándome en bosques no inventados,
ascendiendo al claro de la imaginación, tumbándome
al lado de una rama desconocida, y de regreso
hablamos del sembrado y los cultivos, ya está en
barbecho, no, mira una patata, parece la piel de
una osa diminuta, hoy la sensación de que existen
hombres en las fábricas que miran siempre al mismo
suelo, a la misma saliva siempre seca, y más allá
de todo eso, quedan los campos en barbecho, hablar
con uno mismo, con ese alguien -invéntalelo- tal
vez ya exista, si dejas de mirar al mismo suelo.
Adolfo Marchena

Ímagen: Bill Brandt

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