DESTRIPARÉ UN SEGUNDERO
Sacas del monedero un fajo
de diamantes, sobre la barra
guardias de seguridad me muestran
armas cargadas con versos de
Boudelaire, Verlaine, Bukowski,
Whitman, al aire una moneda,
quisieron los cantos prófugos
adentrarse en los oídos de los niños
cantores. Voy a las aguas a buscarla
pero ya la piedra se la ha llevado,
buceo en el interior de mi pléyade,
amarro cerca del puerto la última
consecuencia. Cesa todo.
Se aleja la tormenta al mar
donde los cuerpos flotan.
Podrías leer las últimas páginas
de un libro sin memoria.
Como siempre el reloj contra la pared,
no son necesarias las horas
a estas horas. Todo se paraliza.
Sólo el humo asciende.
acaso una pequeña corriente de aire.
De costado. El costado derecho.
Esperas la mano que te toque el hombro,
la mujer de los diamantes se fugó
con un capitán de la marina mercante.
Esperas que dios te bese los labios.
Que la luna se cuele en tus ojos.
Y el dorso de la mano contiene vías.
Hay algo más.
No he llamado todavía al veterinario
y el perro tiene pulgas y yo tengo pulgas.
Adolfo Marchena

Imagen: Cris Acqua

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

Pablo Giordano dijo
Interesantísimo blog. Estaré por aquí seguido.
24 Abril 2006 | 05:59 AM