TAL VEZ EN EL EXILIO
Contra la pared, en un asalto
desarmado, acaso de palabras
que no contienen sino raíces abonadas,
nunca otro sentido que un latido,
aunque pequeño,
de ese animal que amortigua su salto
con facilidad esquiva de la palabra
que pudo asesinar y se contuvo.
Por que aquí nos contenemos,
en ocasiones,
no vaya ha ser que alguien de negro
nos conduzca a lugares provistos
de mármoles y maderas ampulosas,
que las miradas nos juzguen
antes de tiempo.
Así mejor, pues, recorramos
tranquilamente un supermercado,
en busca de pañales,
un tarro de miel,
unos condones,
unas manzanas,
que este pecado, este primer mordisco
lo gozemos en una soledad donde
nadie nos mire con ojos
donde nadie nos juzgue con sus ojos,
e interprete interprete,
y según su noche,
su visión insegura del mundo,
su odio hacia sí mismo,
te conduzcan a un exilio
buscando la locura
que detesta en aquellos
que hablan con la palabra
o un pincel,
o simplemente sus manos,
o unos labios
o sin más mira al techo
esperando el fin del mundo,
sin que nadie le moleste.
Adolfo Marchena

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es
