RESTA EL QUICIO DE LA PUERTA
hay que intentar robar
la fracción de segundo que
somos, al infinito.
Laura.
Robemos, un segundo, solo un segundo,
de aire, de viento,
en nuestras propias
narices, dejemos la respiracion a un lado,
concentrémonos en el orgasmo,
secundario o principal,
de lunas tenues
que se acercan
a nuestros cuerpos
Lo sentimos llegar.
Por un momento libres.
Dos gaviotas en el cielo que se lanzan.
Hermoso vuelo rasante.
Da igual.
O tal vez no.
En ocasiones no nos damos cuenta.
En el momento, cuerpo a cuerpo,
a distancia. Todo es posible.
Como un susurro.
Eternamente planeado.
Una batalla que nunca parece acabar,
hombres y mujeres rodando en campos
rojos, no de amapolas.
No, de triste sangre derrramada.
Libros de historia que describen
la posición de ejércitos desconcentrados.
O tal vez beodos con bayonetas
demasiado afiladas.
El infinito.
Líneas que se persiguen,
y un dia lo que ningún
científico consiguió,
tal vez la magía de un alquimista
quemado en una hoguera,
recuerdo el fuego en mi piel
aunque fuera el humo
el que me ahogase,
tú y yo prendidos,
lo advertimos
y lo presenciamos,
a nuestro retorno de aquella hoguera
donde los campesinos comtemplaban.
Galilero, Copérnico, Giordano Bruno.
Tu y yo sentados, despues de todo,
en aquel cruce de infinitos,
pudiendo escojer.
Por una noche la libertad
de nuestros labios.
Y decirte simplemente,
dame la mano
(cuantos lo han dicho)
pero no de esta manera.
El río corre, lo escuchas,
y tiene el sabor y se escucha,
lo escuchas,
como mil rumores
que jamas ningún inquisidor
haya escuchado.
Adolfo Marchena

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

laveron dijo
en eso estamos...
un gran beso!
laura
27 Enero 2006 | 02:53 PM