CARCEL
En un momento dado,
lo pierdo, te busco,
te pierdo, te encuentro,
y de nada sirve cuando todo
tiene el sabor a jueces y políticos
que se olvidan de normas que ellos
mismos sentencian, norman, quebrantan.
Pero me olvido.
Me olvido del dolor, de la causa
de una mañana fría de invierno
donde salgo hacia una parada de metro
fría como tu sexo en una noche borracha
donde tu sexo está frío como una estación
abandonada. No hay gente, vagabundos,
gentes que tocan con sus instrumentos
esa música de jazz que tanto me gusta.
No hay nada.
Ni una caña de pescar donde pescar
una idea que te atraiga hacia la paz
de la idea que la paz aún existe.
No es este un poema triste.
Ni siquiera es un poema.
He tomado trescientas copas de absenta.
¿Importa?
Importa que existo.
Que existes.
Un muchacho me envió una declaración
donde una juez llamada A. Diego Orive Abad
le declaraba a una sentencia de ocho meses
por algo que no cometió.
Salí esa noche y me comí los parachoques.
Al día siguiente leí que un tipo le había
partido a otro siete costillas y tres meses.
Justicia, me dije.
Seguí mordiendo bordillos.
Sin embargo, quedaban cosas.
Puedo hacer el amor, lo sé.
¿Con quién? Mañana el día vendrá,
el amanecer y me dirá que un empujón
me puede derribar. Abiertos están los
comercios, los juzgados, las comisarias.
Yo las veinticuatro horas.
Sentencia
Adolfo Marchena

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

laveron dijo
Abierto...
y en el medio del frío!
muy bella!
saludos!
laura
14 Diciembre 2005 | 08:13 PM