HENRY Y JUNE
Brassaï,famoso por los retratos del París nocturno y bohemio de los años treinta, amigo de Henry, describe a June, el día en que éste se la presenta a su llegada de Nueva York a París como una mujer de largo cuello de cisne que surge de un vestido de terciopelo negro, un cuello redondo y robusto y un rostro seductor más bien ancho, de pómulos prominentes. Con un maquillaje verde bajo los párpados, unos ojos que centellean, labios carnosos de color rojo vivo.
June Mansfield Smith poseía una extraña belleza, un gran don de seducción y un terrible poder sobre los hombres y las mujeres. "Le gustan las orgías", dice Miller, "orgía de conversaciones, orgía de ruidos, orgía de sexo, orgía de sacrificio, de odio, de lágrimas".
Cuando Miller conoció a June contaba treinta años. Según él "necesitaba ser zarandeado. Esperaba un acontecimiento enorme". Y posiblemente este acontecimiento fue su encuentro con June. Aunque tenía una esposa, Beatriz Sylvas Wickens y una hija, Barbara, llevaba una vida de soltero. Una tarde, contando con dinero en su bolsillo, entro en un salón de baile de Broadway, el Orpheum Dance Palace. Es allí donde conoce a June, una bailarina de tango, ejerciendo de taxi-girl. Surge un flechazo. La espera a la salida y ella acude. Cenan a solas en Chin-Lee's, un restaurante chino situado enfrente. June es culta y hablan de Strindberg. En ese momento Henry está sumido en la felicidad: "Uno puede pasar la vida entera esperando encontrar un momento así".
En el ocaso de su vida Henry le confesará a Brassaï que June era "un ser excepcional y si no la hubiese conocido, quizá hubiese sido siempre un fracasado y nadie conocería mi nombre... También fue ella la que me proporcionó el tema de mis libros: Trópico de Capricornio, Sexus, Plexus, Nexus. ¿Acaso existirían sin ella? Fue ella la que me llevó a París, la que me formó, la que literalmente me transformó. Por eso la he llamado Mona, ¡la sola, la única¡ Sólo ahora, examinando mi vida, puedo medir su grandeza y su abnegación".
Sin embargo, mucho tiempo atrás, también diría sobre Anaïs: "Cuando digo: Todo se lo debo a Francia, no es verdad. Anaïs es Francia. Para mí ella era Francia, me abrió los ojos, me instruyó. En los hechos se lo debo todo, porque sin ella, no creo que hubiese llegado a ser gran cosa como escritor".
En París, efectivamente, Anaïs influyó en gran medida en la literatura de Henry, mucho más de lo que pudiera hacerlo June, aunque tal vez Miller tuviese en su cabeza a su mujer. ¿A quién perseguía este hombre en realidad? ¿A qué mujer? ¿Fusionaba a todas en una y en el ocaso de su muerte pensó en Mona como en un conjunto de todas ellas? Miller parecía tratar a las mujeres con desdén, con cierta arrogancia, incluso con maldad, en ocasiones, pero no era sino una manera de proteger sus sentimientos. Miller amaba en realidad. Pero ocultaba. Era su juego.
Un año más tarde se divorcia de Bèatrice y se casa con June. Ella tiene una confianza total en el talento de escritor de Miller. Le obliga a abandonar su trabajo en Western Unión. June le dirá: "Mi única razón de ser es verte hacer lo que deseas. Confía en mí. Sé lo que es mejor para ti. Debes escribir... No te preocupes... Saldremos adelante... Yo me encargo de ello...". Durante seis años se convertirá en su musa y protectora pero Miller no consigue arrancar su pasión literaria. Habrá de acontecer algo que provoque en Henry, que desencadene su verdadera vocación.
June trabajaba como tanguista en una sala de baile de homsexuales de Greenwich Village donde todas las lesbianas le hacían la corte. A ella también le atraían las mujeres y una tarde se enamoró de una rusa a la que Miller llamaría Anastasia. Tal es la pasión que June siente hacia Anastasia que se la lleva al sótano que comparte con Henry, para en lo sucesivo, vivir juntos. De este modo Henry se siente herido en su amor propio, en su virilidad. Las mujeres se despreocupan de él, dejándolo en casa sin dinero, sin luz y sin calefacción. Las espera cada noche, hambriento, pero no vuelven hasta el alba, cogidas del brazo, trayéndole comida de vez en cuando. En ocasiones June y Anastasia piden a Henry que las dejen a solas, de modo que puedan recibir a algún amigo o benefactor. Henry comienza a soñar con París, con Montparnasse.
Un día, de regreso a casa,
Miller encuentra una nota de June donde le comunica que se ha embarcado hacia Europa. Durante un tiempo no tiene noticias hasta que recibe una carta donde June le dice que se ha separado de Anastasia y se ha marchado a Viena con unos amigos. Para sobrevivir Henry trabaja cavando en el vivero municipal de Queen`s Country. En ese momento, consumido por el deseo de la venganza, comienza a rumiar lo que será la novela de amor con June: La crucifixión rosada, que en un principio quiso titular La saga de June. Deseaba al mismo tiempo inmortalizar y destruir a June. Pero el proyecto se va aplazando y no lo llegará a concluir jamás.
Brassï se pregunta si esa traición era necesaria para que Miller se puesiese en movimiento. Dificil de precisar. Por una parte June necesitaba perseguir sus propios instintos.Y se hace evidente que Henry se encontraba atascado y le urgía salir de aquel sótano y más aún, de aquel país que detestaba. Sea como fuere, la jugada fue precisa, necesaria. Voluntaria o involuntariamente, es algo que nunca sabremos. Brassaï supone que la huída de June fue premeditada.
Lo que si resulta evidente es que esta traición hizo que el engranaje creativo de Miller se pusiese en marcha. Su obra va a surgir del dolor. Una herida tan profunda como una bayoneta clavada en pleno vientre. Dice: "Era una sensación más dolorosa que todo lo que había sentido hasta entonces, pero también saludable".
A Henry nunca le interesaron las mujeres sencillas o agradables. Le gustaban las mujeres huidizas, inaccesibles, acorazadas. Mujeres enigmáticas. Quería, como él decía, un "volcán viviente". Y todo eso se había ido con June. Tal vez sea eso lo que busque Miller el resto de su vida en otras mujeres. En mi opinión ha creado un arquetipo.
En París la imagen de June le persigue continuamente. Y un día, de repente, ésta le anuncia su llegada a Francia. La desea y al mismo tiempo la teme. Pero teme más su propia debilidad.Y teme que si todo comienza de nuevo sus proyectos puedan derrumbarse. Tiene cuarenta años. Y ya trabaja en su Trópico. Cuando June llega a la estación de Saint-Lazare, Henry le implora que le deje solo pero June no accede.
Tal como intuía Miller, tras la llegada de June, sus trabajos quedan interrumpidos. Se encuentra nervioso y agitado. Teme por la furia destructiva de June y recurre a Anaïs. Y se produce el encuentro entre ambas. June no verá con buenos ojos a esta mujer, para ella una burguesa que la ha suplantado. Al mismo tiempo Anaïs no reprime sus celos hacia esa mujer, objeto de adoración de Miller. Pero el destino quiere que sea Anaïs quien se convierta en árbitro de la contienda que se libra.
Por los escritos de Henry Anaïs esperaba encontrarse a otra mujer. Pero el poder de seducción de June la hechiza, despertando en ella una inclinación hacia su propio sexo, algo latente ya en algunas páginas de su Diario, y acaba enamorándose de ella. Aunque no se sabe hasta donde llegaron las relaciones entre ambas mujeres. Salen juntas, acuden a club nocturnos, bailan, se besan en la boca.
Philip Kaufman, director de La insoportable levedad del ser, rodó en 1990 la película Henry y June, en la que intervienen actores de la talla de Fred Ward, Uma Thurman, Maria de Madeiros, Richard E. Grant o Kevin Spacey y que está basada en los pasajes suprimidos de los diarios de Anaïs, donde se refleja el ambiente y el triángulo amoroso formado por estos tres personajes.
Puede parecer que en ese momento ambas se habían aliado contra Henry. ¿Pero qué buscaban en realidad la una de la otra? La inteligencia de Anaïs frente a la astucia de June. Toda la experiencia de June frente a lo poco que había aprendido Anaïs, que apenas proviene de su Diario, hasta que conoció a Henry, quien le mostró otra forma de entender la vida. Era sin duda una partida de ajedrez. Según Brassaï, y cito literalmente: Era la última llamarada de la "guerra de los sexos" según Strindberg, con la que soñaba June...
De esa manera terminó la historia de amor.Sin dinero y con la amenaza de ser expulsada del hotel June pidió dinero a Henry quien no tenía, como de costumbre. Finalmente lo consigue. Pero no acude a sacar del apuro a June. Huye de ella y decide marcharse a Londres. Pero la casualidad hace que June aparezca en Clichy, donde entonces vivía Henry, la víspera de su partida. Una escena, confesión y Miller le entrega el dinero. June regresa a Nueva York y su matrimonio se disuelve tres años después, coincidiendo con la publicación de su Trópico de Cáncer por Obelisk Press de Jack Kahane, obra prohibida durante tres décadas -junto a Trópico de Capricornio- por la sociedad estadounidense puritana y las feministas que simplemente acusaron a Miller de escritor pornógrafo, sin comprender la verdadera razón de su escritura. Erica Jong, en su libro El diablo anda suelto, sobre Henry Miller, dice: Pero ¿para que ser escritor si no se va a asumir ningún riesgo? Un pornógrafo que en la posteriodidad influyó en escritores como Norman Mailer, William Burroughs, Jack Kerouak o John Updike.
Adolfo Marchena
Fotografías: Brassaí

Este blog, más una revista virtual, acepta colaboraciones en todos los géneros literarios. Los podéis enviar a: adokessedy@yahoo.es

mayra dijo
hay posibilidad de conseguir una foto de mona?
gracias
6 Julio 2006 | 03:13