LA HORA
Nunca he sido una celebridad en mi tiempo.
Me dedico a los dados. Miro a la gente pasar.
Concha García
SABIAMOS la hora en que el cartero
pasaba por nuestros buzones y bajábamos
corriendo, esperando al emisor que
nos diera la noticia. Eran tiempos
en que buscábamos la celebridad,
como quien espera un sueldo a final
de mes o un amor al la vuelta de la esquina.
Pero ni el sobre ni el amor llegaban,
tan próximos parecían el uno del otro,
sin embargo, y nada tenían que ver,
y seguramente, si nos hubiesen obligado
a elegir, con qué torpeza sucumbiaríamos
ante la fama, efímero deseo de aquellos
que catapultan su deseo y lo decoran.
No sabemos los años que transcurrieron
hasta esa mañana en que nos reunimos
en el viejo café y nos desnudamos y
nos reímos y dijimos, qué más da,
hemos perdido parte del presente,
olvidémonos de las cartas y compartamos
el amor, que puede ser otra mentira,
pero resulta mucho más agradable.
Entonces inauguramos una botella de vino
y brindamos porque nadie era célebre.
Adolfo Marchena
(Del libro Proteo:el yo Posible. Los Cuadernos del Sornabique.
Béjar. Salamanca. 1999)

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