Categoría: Destila diarios
12 Junio 2008

He corregido un relato a pesar de la jaqueca que me ha rondado intermitentemente a lo largo del día. Como el día gris la cabeza se llena de nubarrones. No por ello dejo de fumar. Varios artículos de una revisa literaria llaman mi atención. Uno de ellos se titula Don de lenguas y habla sobre algunos escritores que escribieron en una lengua no materna. Joseph Conrad, Vladimir Navokov, Elias Canetti; Samuel Beckett revolucionó la lengua francesa. En francés le resultaba más fácil “escribir sin estilo”. Medito sobre el estilo, sobre la afirmación de Beckett de que la lengua materna siempre lleva el peso del automatismo. Deduzco, más bien que el automatismo es una cuestión de álgebra literaria. Busco la definición y encuentro que “el automatismo es un movimiento filosófico, partiendo del hecho de que se puede crear de y a partir de todo. La creatividad pura sólo pertenece a la naturaleza y por tanto aprendemos a crear a través de la observación atenta, la intuición y la atención suspicaz de nuestro inconsciente“. A mi modo de ver la creación no resulta de una ciencia exacta. En el caso de Beckett todo viene dado por su temor a quedar a la sombra de Joyce. Bretón ya diría que “el surrealismo es automatismo psíquico puro…” Para quien gusta de adentrarse en los laberintos de las comparaciones o las ubicaciones no creo que en Esperando a Godot encontremos ciertamente rasgos de la definición de Bretón. Tal vez sea mi inconstante jaqueca la que me haga escribir estas líneas en mi diario para olvidarme de ella, pero vuelve como una arpía desatenta.
Cioran, escritor que adoptó la lengua francesa escribió: “No habitamos un país, habitamos una lengua. Una patria es eso y nada más”. Rasgando melodías inciertas o paradojas del alma le doy la razón a Cioran. Mi patria es mi lengua, cierto. Asumo el riesgo de ser mal interpretado si algún día mi diario sale a la luz, lo cual es bastante improbable. Un Freud oral. Puede ser. Miro hacia el cielo oscuro. Algunas luces jalonan la pared de enfrente. Podría seguir escribiendo, pienso, pero la jaqueca es más poderosa. Trataré de leer algo, antes de dormirme. Soñar con Orfeo y Eurídice, suponiendo que tengo una lengua tan pecadora como ciertos automatismos de mi alma. Mañana tal vez escriba, jueves 12... aunque tengo todavía varios relatos por corregir.
adolfo marchena. Okina
Imagen: André Derrain
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4 Febrero 2008

Me di cuenta de que uno dice las cosas cuando quiere, no cuando le obligan. Aunque esa obligación explícita conlleva a decir continuamente sí, sí, sí o no, no, no. Me importa un carajo escribir cada día aunque prefiero las épocas fecundas. La poesía viene, un relato o la última novela. Pocas veces he sido tan disciplinado con la novela. Y ahora pruebo con el tema diarístico. Todavía no le encuentro función. Aunque no está mal del todo, a modo de reflexión. Y tendré que poner fechas, se supone. Pienso en un libro de Cesare Pavese, con su última frase antes de su suicidio; no más palabras. Finalmente todo se resume en uno (tal vez a uno), que puede ser el principio o puede suponer el fin, que puede ser la quietud o la movilidad. No, no, no… Pues en mi caso sucede, todos los días se concentran en un segundo. Hoy he bostezado temprano, como de costumbre. Estuve escribiendo hasta las once, antes de salir a dar un paseo acercándome hasta correos. Trabajo una serie de relatos donde los protagonistas son los mismos que los de mi última novela. Escribo y corrijo. Criticarse a uno mismo es lo más difícil, no somos capaces, al menos yo. No podemos ver. Vernos. Son extrañamente confusos los trazos de una crítica sumergida, casi ilegal ante uno mismo. Que no quiere decir mucho. Para ello hablo con X que me dice que le gustan y le mando las correcciones. En correos he enviado obra para cuatro certámenes. No creo en exceso, más bien por defecto, en ellos. Demasiado vendidos. Demasiado otorgados. Ya no importa la calidad, si no el marketing. De ello estuve hablando hace dos días con José Luis. También hablo a menudo con X, salvo de política, en raras ocasiones. A veces me pregunto si no es una manera como otra cualquiera, algo así como jugar a la lotería. Pero esto me impone mayor disciplina. Evidentemente, me gusta más escribir que rellenar columnas, abusar del uno equis dos o el número reglamentario. Ahora trastocaron también las matemáticas. De modo que me olvido de todo y continúo con un relato. En fin, hay trabajo y atrasos de trabajo. La fría mañana de esta puta ciudad transcurre. A pesar del frío siempre mantengo la ventana abierta. Me gusta el aire, aunque se cuele helado pero nunca desalentador. Y disuadir a la nicotina, aunque cada vez sea menos, pero cuesta dejar este chupete supuestamente de adultos. Pienso en las divisiones humano-temporales. Llego a la conclusión de que es difícil ser o llegar a ser un adulto. Según las acepciones, claro. Después de comer me tumbé un rato. Y nadie se lo imagina. Tanto arquetipo, creo que lo dije en una entrevista que me hizo Perro del Cielo. Pero es cierto. Como un paso de peatones. Sí, veo una película del oeste. Me relaja. Y necesitaría un buen masaje. Buenas manos de pelo rojizo que calme esta hiperactividad. Copio y transformo el último esbozo para un relato. Es cuando salgo. A las calles de esta puta ciudad. No, no soy un mal hablado. Soy circunstancial y evidencio las cadencias sin adentrarme en las consecuencias ni en los recortes
presupuestarios. Ya dije que no suelo hablar de eso. Aunque no soy un inútil que no ve las cosas. Sólo miro como búho, intentando no ser visto. Y siempre existe algo que te afecta, sin ni siquiera haber pulsado el botón del ascensor. Tercer piso. Esta ciudad ya me ha quitado demasiado. Entonces, no escribiré popemas tipo Gala, sí, popemas. Ese te quiero engarzado en rosas me lo guardo. Y la ciudad deja de ser mi ciudad. Todas las ciudades dejan de ser mis ciudades. O tal vez todas se apoderen de mí, sólo que las quisiera ver vacías, o al menos, casi vacías. A nadie le interesa. A pesar de las carencias y antes de encerrarme nuevamente para escribir o, en su caso, leer (ya tuve bastante con una película del oeste) pienso en un nuevo relato. Mi cabeza, mi cerebro, mis neuronas constantemente piensan que no todo es bello pero que tampoco es una catástrofe. Sólo que elaboro mentalmente un relato que, en fin. El padre desvirga a su hija, bajo el consentimiento de ella. Se produce un doble juego donde la santidad y lo demoníaco se entremezclan. Todo a raíz de que leo una noticia donde los padres y los tutores abusan de los menores. Eso me parece atroz. De ahí, y nunca escribo para reivindicar aunque siempre dejo algo en el tintero, o no, delimito mi parcela, pienso en ese relato, en los diálogos, en esta sociedad que exclama y por detrás te atraviesa con una enorme espada. Quería rimar y ser ese chico malo que todos dicen que soy. La reputación. La mauvaise reputation, de Brassens, es mi reputación. Se lo digo tranquilamente a una camarera de Garzón, un pueblo al sur de Colombia, cerca del Amazonas. Eso es lo que nos queda cuando nos marchamos, cuando hemos criticado ferozmente a ciertos editores o escritores, cuando nos hemos confundido. Le pido una hoja, se me ha olvidado mi bolígrafo morado y mi libreta, para tomar unas notas. Y pienso que todo seguirá siendo igual, a no ser que le demos una patada al culo de la luna. Pero que no se mueva, no nos desestabilice. Nosotros nos bastamos para eso y más. Y mañana diré otra cosa, pero no veré, seguramente, otra película del oeste. Y pienso, como siempre, cuál es el orden del día. No lo sé, ahora
estoy escribiendo. Luego, tal vez luego, se me ocurra alguna cosa distinta. En esta puta ciudad. Con un respeto para ellas y también para una ciudad vacía (hay algo que siempre nos persigue). Y de repente me apetece leer. Ahora me apetece leer. Y estoy a punto de concluir un libro de Boris Vian, Escupiré sobre vuestras tumbas. De modo que dejo este diario recién comenzado para otro día, que no tiene porqué ser mañana.
(29 de enero 2008)
adolfo marchena. Okina
Imagen: Brassaï
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19 Enero 2008

Solemos hacernos preguntas, supongo que en gran parte por curiosidad. Y muchos se preguntarán: ¿pero dónde se ha metido Adolfo? No responde a los correos ni a las llamadas. En efecto, en algún sitio debí meterme, que no esconderme. He estado casi quince días aislado. Lo que han aguantado las pilas, el lumingás y las velas. Todo ello porque me aislé en una cabaña sin agua corriente ni electricidad. Se puede pensar que resulta excéntrico. Puede ser. O lo es. He de confesar que, considero, tendré que ducharme de nuevo. Durante estos días y sin orden establecido he aprovechado para: a) leer, b) escribir con lápiz sobre blancos folios, c) escuchar música o la radio, d) pensar y e) tocarme las narices. Sin olvidarme de los paseos matutinos. Aún recuerdo el olor de los pinares, cuando abría la doble puerta de madera. El fuego crepitaba en la estufa de hierro forjado, después de haber añadido un buen pedazo de madera, donde calentaba el café, que a punto estuvo de agotarse como las pilas, el lumingás o las velas. Las gotas de rocío se deslizaban a paso de caracol acatarrado por las hojas, como diminutas cascadas. La mañana en que heló la hierba de la campa, blancuzca y rígida, semejaba el pelo de Six Vicious. Fuera de toda civilización. De esa manera viví sin agrietarme. Agoté todas las baterías y me quedé incomunicado. Es lo que pretendía, por otra parte, dentro de lo que, además de excentricidad pueda parecer un experimento. No hay que decirlo todo porque no me encontré tampoco con ninguna Heidi. Entre mis infinitos pensamientos, donde hablaba conmigo mismo sin llegar a contestarme, pensé en este blog, en otros blog, pensé en la reciente antología y que la vida y la obra van en muchas ocasiones, sino siempre, unidas de la mano. Y que contar algo sobre tu vida puede resultar aburrido o atractivo. Me dije; voy a probar. En “Hierba roja” de Boris Vian, uno de los libros que he leído a la luz de la linterna, las velas o el campingás, omito el contexto, en una conversación dice:
“-Todo es aburrido –dijo Wolf- y sin embargo se hacen cosas…”
Se me antoja este texto el comienzo de un diario que supongo proseguiré algún día. Para esto, lo reconozco, soy bastante inconstante. He escrito, sobre todo, poemas y relatos. Cuando los tenga corregidos (añadiré fotografías de una temporada en el hospital, allá por el 2003, ya que uno de los relatos se titula 683 planta neurología) se lo enviaré a Perro del cielo (http://www.lacoctelera.com/perrodelcielo) cuya directora, Soledad Tuebis, se ha estado encargando durante mi ausencia de Literatura. Y hablando de un diario, en mi desconocimiento, supongo que un diario ha de ser fiel. La poligamia diarística puede conducir al equívoco. Uno ha de ser fiel, por lo menos, a sí mismo. De modo que si digo algo (y creo que voy diciendo demasiado) lo diré tal cual.
Lo contrario, ya sabemos, no me agrada. Prefiero las dos espadas del samurai y no andarme por las ramas aunque me guste trepar a los árboles. Todavía. Y si ustedes gustan, volveré algún día al diario, de vez en cuando, de cuando en cuando. Y gracias Sole por tu apoyo en mi ausencia y perdón para aquellos y aquellas a los que debo un correo. Me pondré a ello, después de la ducha. Que todavía huelo a humo y pino. El buzón del portal estaba lleno y he recibido la revista impresa que dirige Ezequías Blanco, Los Cuadernos del Matemático, donde ha tenido la gentileza de publicarme un artículo sobre el fotógrafo y escritor Brassäi. Reconozco que toda esta tecnología es necesaria. Y el agua caliente. Pero este ya definido experimento, la cabaña, el aislamiento ha supuesto una experiencia que defino como ardilla dorada. Tal vez no tenga sentido…
ALGUNOS PENSAMIENTOS
Yo no escogí ser escritor, o tal vez sí. Es algo de lo que ahora dudo y puede que esta duda muera conmigo. Pero tengo claro que el arte, la creación en general, es algo que no debe ser comprado ni vendido…
Estoy de acuerdo con la norma de Kurt Vonnegut. “Escribe siempre para alguien” así como con Boris Vian: “Una solución que te hunde vale más que cualquier incertidumbre”. Y ahora pienso: ¿para quién estoy escribiendo esto?...
Sigo escribiendo, pintando y fotografiando porque creo en mi evolución…
Tampoco recordaba que pinté al óleo antes de escribir. ¿Alguien es un genio? Hoy en día no existen los genios, sólo las lámparas.
adolfo marchena. Okina
Imágenes: Braque y Brassäi
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19 Febrero 2007

Ha pasado un tiempo. Carlos ha ido intuyendo que todo marchó bien. Como le dije, y bien tengo que escribirle, las cosas son difíciles pero a veces nos las cargamos como mochilas de cien kilos. En estos meses, donde he vivido en algunos sitios y concretamente hablo ahora de Barcelona, mencionar y dar la razón a quién comenta y acierta cuando dice que Carlos Iguana es una persona de talante noble. Ya le conte un poco mis planes, aunque ya he comentado que le tengo que poner al día. El tema de la novela, este primero de marzo que expongo. Y recuerdo las veladas con Carlos. Las conversaciones. Librepensadores. La gente dirá que todo es una utopía. Bueno, es cuestión de suerte. O de saber hablar. Y escuchar.
adolfo marchena. Okina
Imagen: Marina Abramovic
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10 Diciembre 2006
A veces nos damos cuenta demasiado tarde de las cosas. Y Literatura tiene ya un fin. Comenzó como un aprendizaje y ha terminado siendo una revista. Con algunas cuestiones fuera de tono. Pero es inevitable. Crearemos algo en el futuro pero ahora es mejor que la alfa concluya. Es de agradecer, sobre todo a Laura.Laveron su apoyo. Mis disculpas públicas ante esta persona que no se mereció mis duras palabras. Pero siempre la acaba pagando el que menos culpa tiene.
Así pues demos fin a este blog. Yo creo que ya es hora. Ya volveremos, pero antes quiero ver una buena obra de teatro.
Gracias a todos y todas.
Por cierto, Laura, me curro el texto que me has enviado, merecía ser publicado, lo guardo en puerto y lo mandaré imprimir.
adolfo marchena. Okina
Imagen: Omega
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6 Septiembre 2006
Esta mañana salí con mi martillo. NO recuerdo ninguna película, aunque pienso en Jamen Dean, y concretamente en Rebelde sin causa. A uno le vuelven rebelde. La cuestión es que me quitaron el carro. Y mi vieja señora quería viajar, cosa que al final no hizo. Pero a mi me apetecía conducir. De modo que tenía que robar un coche. Para eso llevaba detras de mi cinturon un martillo. Todo es fácil. Como mezclar dos colores de un cable. Pero paseaba para ver a una buena amiga y pensaba en música. Y detrás el martillo. Y los colores de esos cables. Y yo pensaba a 230. Hoy a 239. ESToy enfadado. Menos mal que no fue. El caso es que, a 230 fui donde mi amiga, muy lento, no a 230, con un martillo a mi espalda, si me cojen, me detienen. Pero era mejor sonreir; no? dEaN. eSO pensé. La calle, que sí, es cierto, todos lo ven, hasta ese azul, que no sé cómo supo, porque acá, aunque hable con la señora y la pedí perdón y al final me dio dos besos a 230 (y fue maravilloso) vi que me apoyan, con polla de ha sin ha de polla, que todos somos lindos pero más somos lindas, pero somos iguales, y voya a 230, aunque no venga la señora, pero lo que me falte, ES, QUE HO HOY NO PUDE, comunicarme A 230 con una margarita. Pero ahora ya tengo todo hecho o casi, y a 230 ya sin la señora a mi lado conduzco mejor. Ni siquiera he robado el coche. Es más he dejado el martillo. Es más, no tengo nada. Pero perdono a quién me lo robó. Bien sabe quien roba. Pero yo a 230 tento 230.0000000 amigos. Y digo Deean soy, como Natalie Wooe, tu co-protagonitasta, mañana nos vemos, que hoy necesitas dormir....y yo sigo a 200, me equivoqué a 230........
buenas noches
adolfo marchena. Okina 
Imagen: William Klein
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25 Agosto 2006
En este país, o en este mundo, todos o todas tenemos mucho que decir, sobretodo aquellos que o a quienes nos impiden decir. Pero a mi no me sale, literalmente de los cojones, no decir lo que pienso de la espinilla de mis neuronas. Y puesto que llevo cuatro pues que me vengan más. Y en fin. Ayer hablé con un buen amigo escritor que me dio un dato, claro, de palabra, con lo cual, ante un juez y de quien voy a hablar tengo todas las de perder. No doy su nombre porque yo acarreo con toda la consecuencia. Vayamos al grano. Y de ello me habló una amiga de Montevideo. De las editoriales. Pues acá tenemos a la gran hija de planeta y no de las putas, que esas saben mucho y por desgracia, a muchas les quitan el pasaporte y como dijo Patxi en un buen relato, la guardia civil, todavía lo consiente. Pues planeta compra a los escritores como si fuesen latas de sardina. Tristemente la mayoría se dejan comprar, evidentemente es bonito, la cuenta bancaria crece como una polla de mil kilómetros que luego no sabes utilizar. Estos señores o señor juegan con premios editoriales, compran librerías, hacen, en fin, hay más. Se metieron en el sector inmobiliario y ayer me dijeron que han entrado en el sector de los casinos. planeta, sí, la supuesta, gran, editorial, en minúscula, donde publican, los supuestos, grandes contemporáneos, ahora se introduce en las ruletas y los badgsdoameosnoe o sea en el juego. Esto quiero decir que las letras o la creación le importa un pepino, que lo que quiere es panoja, dinero, dolar, euro, peseta antigua y ralliya con ll o y al canto. Y los escritores y escritoras van y tragan y se venden por cuatro monedas no por siete, que fue mentira como dijo Klutang en un artículo. Señores de planeta, manejad el Planeta. En esta página no me voy a callar. Soy una pulga. Y me pueden pisar y me van a caer no cuatro, ocho diás de arresto domiciliario porque son muy grandes, poderosos, compran, deshacen, pero alguien tiene que hablar. Ahora bien, me hacen un favor. Acá estaré. Seguiré escribiendo y me darán más curriculum. Me viene muy bien. Porque vender no vendo y publicar no me publican. Eso seguro. Y si un día cenamos yo me pido una sopa pero les digo a la cara lo que pienso. Y es esto. Son unos estafadores y los que se venden unos vendidos. Muchos de ellos, no daré nombres, y tengo la costumbre de tirar los libros por la ventana, y esto es cierto, me han decepcionado. De hecho he tirado libros dedicados de grandes autores que finalmente cayeron en las redes de planeta. Están globalizando toda la creación. De modo que Literatura, y ahora contamos con más apoyo, se convierte en la pulga, que va arrastrando más pulgas que muerdan un poco a ese perro sarnoso que divulga costumbre o tal vez servidumbre y da premios premiados, y compra librerías y las hunde, y hace y maneja y ahora se dedica a jugar a la ruleta rusa. Si eso es amor al arte yo soy una monja carcelaria. Y creo que he dicho bastante. Señores de planeta, cuando quieran nos vemos. Ya me gané otros tantos días. Pero me viene muy bien. Y a todos los vendidos y vendidas, seguid, que en vuestras casas se vive muy bien y los que bregamos de verdad, de verdad sentimos lo que hay, lástima por vosotros. Y ahora, una pipa por el Planeta, pero no por ese planeta, que ese nos no pasamos por lo huevos fritos. Ya nos defendemos las pulgas, que acá nos sabemos hablar. Y ahora firmo. Para que se sepa. En mayúscula, señores de planeta, que nunca lo hago, y ya sé, mis novelas, a la basura, pero mis amigos las leen, la suyas, las compran............
ADOLFO MARCHENA. OKINA

Imagen: Eikoh Hosoe
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27 Julio 2006
Anoche Literatura trabajó y la imagen de Haitzea que tántos mensajes nos trasladásteis, lo cual agradecemos, y con la que esta noche concluimos, después del original retrato del pequeño artículo, nos reímos con Bouza, con ese san bernardo, concluyó de la siguente manera. Ese cuento que nos pidió, titulado Haitzea, la princesa que voló a la estrella azul que duerme con un hada, le ha sido leído esta mediodía en una mesa de madera. Iba ilustrado con dibujos infantiles, si es que hay algo infantil en esta vida. O más bien todo debiera ser infantil. Quisimos trasladar esa imagen, si bien mostrar ambas caras de la moneda, pues tiene dos caras, incluso un canto. Como la incomunicación, tan rebelde y tan cruel y tan vivida en estos días. Pero esta mediodía ella, con esos ojos, escuchó, pues no sabe leer, preguntó e incluso corrigió. Sí, nos corrijió. La g y la j. Lo hermoso fue, finalmente, el beso. Y sólo dejamos la imagen. Con ello, sobra lo sobrante. Gracias a todos y a todas. Esperamos que otra como dice el cuento nos juntemos todos para mirar las estrellas.
Literatura.

Imagen: Haitzea con su cuento
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